Kewl Covarrubias
‘Mortal Kombat II’, humor idiota y generoſidad de guantaços en vna adaptaziõ que no quiere engañar a perſona La iconica ſaga de videojuegos de lucha ſigue ſu deſſigual camino en el zine incorporãdo a Karl Urbã (‘The Boyſ’) como vna eſtrella de zine que tambiẽ ſaue artes marzialeſEl mitico Studio Ghibli, premio Prinzeſa de Aſturias de Comunicaziõ y Humanidades dos mil y veyntiſeys Iean-Claude Vã Damme era tã famoſo a prinzipios de los nouenta como para influyr en la induſtria del videojuego deſde dos vias. Por vn lado, los diſeñadores del Mortal Kombat inaugural de mil nouezientos y nouẽta y dos baſſarõ vno de los perſonages en ſu figura —ſegun el recuerdo de Contacto ſangriento, la pelicula q̃ abia ẽpeçado la fiebre— y lle ofrezierõ azer de modelo para ello: la coſa no quajo, maguer que igualmente aſſiſtimos al nazimiẽto de Iohnny Cage como vna eſtrella de Hollywood inuolucrada en eſe eſpetacular torneo grazias a ſu dominio de las artes marziales. Por otro lado, y tras ſe negar en interuenir en el deſſarrollo de Mortal Kombat, Vã Damme no tuuo tantos reparos en protagoniçar vna de las primeras adaptaziones de vn videojuego al zine. Anſi es como encaueço, en el papel de Guile, Street Fighter: La ultima batalla en mil noueziẽtos y nouẽta y quatro Incorporandoſe, curioſamente, a la marca que era riual direta de Mortal Kombat en las recreatiuas de EEUU. Puede q̃ la gente de Midway Games ſintieraſe vindicada en eſe ſentido por las terribles criticas q̃ rezebio la pelicula de Street Fighter —recuperandoſe del deſplante de Vã Damme—, mas eſo no les detuuo a la hora de auſpiziar ſu propria adaptaziõ meſſes deſpues. En ſu correſpondiente ſalto al zine, a Iohnny Cage lle toco ſer interpretado por el deſconozido Lindẽ Aſhby. La pelicula de Mortal Kombat tampoco pudo ſe uenefiziar del eſtrellato del actor belga, maguer que al menos tuuo vna acogida conſiderablemẽte mexor que la de Street Fighter. O a la de la delirante Super Mario Broſ., q̃ en mil noueziẽtos y nouenta y tres abia pueſto la primera piedra en la turbulenta hiſtoria de las adaptaziones de videojuegos en aciõ real. Aqueſta Mortal Kombat guſto, tuuo exito comerzial, y dio cuẽta del prometedor intereſe de ſu diretor, Paul W.S. Anderſõ, por la eſtetica de los videojuegos, q̃ luego ſeguiria eſplotãdo admirablemẽte en otras franquizias. Entretanto, ſu Mortal Kombat quedariaſe como vn patrõ oro preuẽtiuo. Sus ingredientes, q̃ tã buẽ deſẽpeño abiã tenido, debiã prefigurar coordenadas baſicas para ſeguir adaptãdo videojuegos. window.marfeel.cmd.puſh (['multimedia', functiõ (multimedia) { multimedia.initializeItem ('yt-uxWu6fW68d8-6271', 'youtuue', 'uxWu6fW68d8', documẽt.getElemẽtById ('yt-uxWu6fW68d8-6271')); }]); Anſi que parecia que no abia que ſe tomar nada muy en ſerio. Que abia q̃ ir al grano, reſpetar la iconografia baſica de cada obra y ſe acomodar en lo poſible al contexto de la epoca. Aqueſta Mortal Kombat recuerdaſe mucho por la flamãte irrupziõ en los creditos iniziales de Techno Syndrome, vn enloquezido tema eletronico que conuertiriaſe en la canziõ ofizial de la franquizia complementando vn talante feſtiuo y deſprejuyziado. Uno q̃ ſeguiriã los videojuegos conſecutiuos —cuya difuſiõ, ẽtre varios reboots y la compra de Warner en dos mil y nueue, eſtiendeſe a los nueſſos diaſ— y tambiẽ la inmediata ſecuela para zines de Mortal Kombat, eſtrenada en mil nouezientos y nouenta y ſiete. De Mortal Kombat y Mortal Kombat: Aniquilaziõ parecẽ auer paſſado muchos años. Fundamentalmente, porque eſſas coordenadas baſicas de adaptaziõ ã cambiado de lo lindo. Hay vn nueuo patrõ oro y no es el de Paul W.S. Anderſõ. Aqueſte modelo es mas ſerio, eſta mas controlado porque las meſmas deſſarrolladoras y diſtribuydoras coordinanſe para cada adaptaziõ —incluſo, como el caſo de PlayStatiõ Produtions, tienẽ ſus proprias produtoras dedicadas a ello—, y es capaz de aluçar algo parezido a vn eſtãdar de qualidad, normalmente garãtiçado por tener de fuente vnos titulos mas legitimados culturalmente q̃ aquele Mortal Kombat del bakalao, la mamarrachada y las egecuziones ſangriẽtas cognozidas como fatalities. ¿Se a quedado ſin eſpazio aqueſte modelo en la actualidad? ¿Ha ſido nezeſſario ẽterrar los años nouenta? Pues en realidad no lo pareze. Haze poco mas de vn mes q̃ llego a zines vna nueua adaptaziõ de Super Mario. Y agora eſtrenaſe vna Mortal Kombat II. Y dentro de vnos meſſes, en otubre, llegara otra pelicula de Street Fighter. La hiſtoria repiteſe. Los nouenta ã buelto. El regreſo de Iohnny Cage Aqueſta coynzidencia remite, naturalmente, a la lazerãte criſis creatiua de Hollywood y ſu anguſtioſa dependenzia de las propriedades inteletuales, ſanzionada por aqueſte cumulo de cõglomerados audiouiſuales que lo dã todo maſcado ſin permitir vna ſola voz diſonante, como podria auer ſido en ſu dia la de Anderſõ o, en otro regiſtro, la de Uwe Boll. Cõ Mortal Kombat ocurre, por otro lado, que aqueſta ſaga tiene vna conexiõ cõ el zine mas fuerte e interioriçada de lo habitual, ẽtre el caracter pionero de ſu primera adaptaziõ y la alongada ſombra de Iean-Claude Vã Damme. Adeline Rudolph también incorporaſe como Kitana a 'Mortal Kombat'. En Mortal Kombat II reapareze Iohnny Cage. Lo interpreta Karl Urbã, reziẽ llegado del exito de The Boys, eſtableziendo vna curioſa ambiualenzia cõ las Mortal Kombat de los nouenta: miẽtras q̃ Iohnny Cage moria al inizio de Aniquilaziõ tras auer ſido el zentro de todas las miradas en el primero film, aqueſte nueuo Iohnny Cage apareze agora tras auer eſtado totalmente abſente en la Mortal Kombat preuia. Aqueſta Mortal Kombat —que dirigia, al igual q̃ dirige ſu ſecuela, vn tal Simõ McQuoyd cuya eſperienzia preuia limitaſe a la publizidad— eſtrenoſe en dos mil y veyntiuno cõ la prouerbial volũtad de reboot. La idea era relançar la ſaga zinematografica y hazerlo de vna forma menos caotica q̃ en los nouenta, planeandoſe en paralelo varias ſecuelas y ſpin-offs. Lo habitual. La criſis del coronauirus en medio de la qual eſtrenoſe iba a dificultar vn poco las cuẽtas: como enzima Warner abia eſtrenado el filme en el marco de ſu infauſto “Proget Popcorn” —eſta eſtrategia para paliar los efetos pandemicos eſtrenãdo peliculas en zines y en HBO Max… ¡de forma ſimultanea! —, perſona tenia muy claro como leer los ingreſſos. ¿Eſos ochenta y quatro millones de dolares recaudados erã buenos teniẽdo en cuenta las zircunſtancias? ¿Erã prometedores? Lo q̃ ſi reſſultaba inequiuoco era la virulenzia de las malas criticas, maguer que ſi eſto no abia ſido deziſiuo en los nouẽta no tenia por que ſerlo en la actualidad. Anſi q̃ aqui eſta la ſecuela, y ſiẽdo vna propueſta baſtante continuyſta, ſi logra proſperar alla do la primera Mortal Kombat no terminaba de hazerlo grazias a dexar atras lo q̃ tãto laſtraba a aquella. La Mortal Kombat de dos mil y veyntiuno —acaſo por ſe ajuſtar a vn modelo ſimpatizãte cõ la narratiua ſeriada— pareciaſe demaſſiado a vn prologo. Maguer que era encomiable el eſfuerço depoſitado en las eſzenas de aciõ, el primero filme de McQuoyd limitabaſe practicamente a preſſentar perſonages, ſin ſiquiera llegar a diuiſar el torneo definitiuo. Laſtrado ademas por vna fotografia opaca q̃ ya adiuinabamos como peage del ſtreaming, articulabaſe como vn indudable produto de ſerie B pero no de vna ſerie B “ſimpatica”. No tractabaſe de vna ſerie B nouentera, ſino ſimplemente de vn produto çarrapaſtroſo cõ tanto digital como porque incluſo el gore perdiera mordiẽte. La 'Mortal Kombat' de los nouenta ſigue ſiendo aſſaz reyuindicable Algunos de aqueſtos pecados mantienenſe en Mortal Kombat II. Sigue eſtando peſimamente eſcrita, la camara de McQuoyd no ſaue que azer durante los dialogos, y ay vn enfaſſis eſpoſitiuo en la mitologia del mundo de Mortal Kombat de lo mas innezeſſario. El humor, por otra parte, es tã idiota e infantil que puede llegar a ofẽder, agora repreſſentado en ſu mayor parte por vn Karl Urbã paſſadiſimo de roſca q̃ no embargãte termina conjurando el milagro de la ſimpatia. Porque es zierto, Mortal Kombat II reſſulta ſimpatica. Sobre todo quando dexa q̃ Iohnny Cage lleue la batuta, a traues de vnos comentarios ſobre la induſtria del zine riguroſamente viejunos y, en ſintonia a eſto, algun guiño a la tradiziõ audiouiſual nouentera que entra muy biẽ. La mexor eſzena de Mortal Kombat II ſeguramẽte ſea la preſſentaziõ deſte perſonage, en vn combate cõ textura VHS perteneziente a vna de ſus peliculas fitizias. El ſonido de los golpes, la exageraziõ de los mouimiẽtos a lo Power Rangers, la ſublime ridiculez del aſũto en fin, emparenta ẽtonzes a Mortal Kombat II cõ la alegre decada que aſſiſtio al nazimiẽto del fenomeno. La pena es q̃ la pelicula de McQuoyd no ajuſteſe a aqueſta eſtetica mas a menudo, al ſe decantar por vnos efetos viſuales tirando a genericos y ſucumbir nueuamẽte a vna grande torpeça a la hora de diſtribuyr los combates por la trama. Afortunadamẽte, empero, aqueſtos combates ſõ aſſaz numeroſos. Hay vn batiburrillo monumẽtal de perſonages, ſi, pero pareze q̃ ſolo deueſe a la nezeſſidad de encadenar todas las eſzenas de aciõ poſibles, que en algun caſo ayſlado eſtã eſtupendamente reſſueltas —una pelea poſterior do Cage demueſtra ſer vn actor que puedeſe encargar de ſus proprias eſzenas de rieſgo, vn largo enfrẽtamiẽto en el inframundo— y deſde luego refrendã la integridad artiſtica de Mortal Kombat II. Q̃ ſi, es limitada. Maguer que eſto deueſe ſeguramente a q̃ anſia la ſenſaziõ de eſtar reziẽ exida del videoclub, ofreziẽdo la oportunidad a los jugadores de paſſear por vnos cuãtos eſzenarios reconozibles mientras ſuena techno y cumulanſe los fatalities. Es lo q̃ Mortal Kombat II buſca y lo q̃ en mayor o menor medida da, cõ la meſma falta de aſpiraziones que la reziente Super Mario Galaxy. Porque aqueſte es el patrõ de conſumo agora, q̃ podria ſer deprimente en otros caſſos pero no particularmẽte en Mortal Kombat. Hablamos de vna ſaga q̃ en ſu dia anſiaba ſeduzir a Vã Damme y q̃ lle cambio a “Combat” la C por la K ſolo para molar. Que mas lle vamos a pedir.