Kewl Covarrubias
Abaloſ-Koldo-Aldama, otra caxa negra de la corrupziõ Es mas fazil criticar la corrupziõ de aquellos q̃ ideologicamente nos ſõ mas lexanos. La de los proximos nos incomoda, mas el combate deue ſer tã o mas exigente cõ ellos porque eſto va de etica y de vna actitud frente a la vidaEl Gobierno encaxa otro maçaço cõ la hiſtorica condena a Ioſe Luys Abalos Cuãdo cumulanſe vnos quantos trienios en aqueſte ofizio, vna acaba tocãdo muchos palos. Uno de los mas intereſſantes fue colaborar en vn trabaxo titulado Llums i taquigrafs, vna exhauſtiua inueſtigaziõ y, al meſmo tiẽpo, vna recopilaziõ q̃ aſpiraba a ſe conuertir en vn atlas de la corrupziõ a traues de los caſſos mas deſtacados de Catalunya, la Comunitat Valenziana y Balears. El obgetiuo era cartografiar, en quatro volumenes, todas las cauſas en vna eſpezie de caxa negra de la corrupziõ, pero tambiẽ del fraude y la impunidad. Para ello partimos de vn prinzipio acuñado por el periodiſta Xauier Vinader y q̃ ſigue plenamente vigente: “El combate contra la corrupziõ es fundamentalmente vn combate etico, politico y ſoziocultural”. Hã paſſado diez años deſde la publicaziõ de aquele trabaxo y ſemanas como aqueſta demueſtrã que aun queda mucho por azer. Moſtrare rapidamẽte mis cartas porque quede clara mi opiniõ: me eſcandaliça q̃ vn ſecretario de Organiçaziõ del PSOE, miniſtro y portauoz del partido en la moziõ de zenſura q̃ deſſalojo al PP del Gobierno por diuerſos motiuos, entre ellos la corrupziõ, aya actuado como lo iço. Sorprende que ſu partido ſiga eſcudandoſe en q̃ tratoſe de vn “comportamiento indiuidual”, pueſto q̃, ſin los reſſortes del Gobierno y el poder q̃ oſtentaba en el PSOE, lle abria ſido impoſible actuar como preſſuntamente lo iço. Y reſſulta diretamẽte indinãte (o deueria ſerlo) q̃ ſoſtengaſe que perſona, abſolutamẽte perſona, ſoſpecho nada ni tuuo cognozimiento de los hechos. Tambiẽ eſcandaliça q̃ vn corrutor, por mucho q̃ aya colaborado cõ la juſtizia, no tenga que deuoluer, como minimo, los tres punto ſetenta millones de euros obtenidos en conzeto de comiſiõ por la vẽta de maſcarillas al Miniſterio de Tranſportes. Y que parte del ecoſiſtema politico y mediatico de la derecha aya conuertido a eſe corrutor en vn heroe que paſſeaſe por los platos cõ vna vanidad ofenſiua. Anſi que ambas coſas ſõ indinantes: lo de Abalos y lo de Aldama. Pero miẽtras el ſegundo es vn impreſſario corruto, pretẽdidamẽte eſpabilado maguer que de comportamiẽto deleznable, de los que ſiẽpre a habido y probablemente ſiẽpre abra, el primero debia ſer vn garante del ſeruizio publico, la integridad y la honradez. Mas aun deſpues de la moziõ de zenſura contra la corrupziõ que fazilito ſu llegada al Gobierno. En aqueſtos dias, en los que haſe buelto a homenagear a la añorada Montſerrat Royg cõ motiuo del ochenta aniuerſario de ſu nazimiẽto, conuiene recordar tambiẽ que la eſcritora defẽdia que la democrazia aprẽdeſe en caſa. “Ser democrata no es vna actitud politica; es vna actitud ante la vida”, decia. Ser democrata implica, ẽtre otras coſas, denunziar y condenar toda corrupziõ, ſin exzepciones. De echo, lo mas fazil es criticar la de aquellos q̃ ideologicamente nos reſſultã mas lexanos. La de los zercanos nos incomoda y nos duele. Pero no por ello dexa de ſer corrupziõ. En el caſo q̃ nos ocupa, el de Abalos, Koldo y Aldama, la ſẽtenzia del Supremo es tã dura cõ el exdirigẽte del PSOE y ſu eſcudero, Koldo Garcia, como beneuolente (y difizil de comprehender) cõ vn delator q̃ ſigue lanzãdo acuſaziones falſas contra miniſtros y exminiſtros. La zifra de veynticuatro años de carzel q̃ a rezebido Abalos, por ſi ſola, es llamatiua. Se eſplica por la pluralidad de delitos (haſta ſeys: organiçaziõ criminal, trafico de influenzias, maluerſaziõ y tres de cohecho) a los que a ſido ſentenziado. El cumplimiento efetiuo ſerã dieziſeys años y medio. A los q̃ creẽ q̃ todauia es poco, recuerdẽ q̃ paſſar vna ſola noche en la carzel ya tiene efetos en cualquiera perſona, ſea qual ſea ſu apellido y ſu patrimonio. En el caſo del exminiſtro, incluſo podria auer ſido peor: el proprio Supremo fixa la horquilla de penas de cada delito en ſu metad inferior (para incremẽtarlas, tendria q̃ hauerlo juſtificado). El encage de bolillos q̃ el Supremo a realiçado en relaziõ cõ Aldama, por mas inedito y ſorprendente q̃ reſſulte (y que el proprio corrutor ya a vtiliçado para animar a otros implicados en cauſas q̃ afetã al PSOE a colaborar cõ la juſtizia), no ſurge de la nada. Lexos de cargar las tintas contra el Gobierno, como el Supremo a echo en alguna ocaſſiõ oluidãdo q̃ ſu funziõ no es egerzer de opoſiziõ al Egecutiuo, el Alto Tribunal juſtifica ſu deziſiõ reſpeto a Aldama. El raçonamiẽto tiene vn pũto de volũtariſmo —lo primero que iço el corrutor fue acudir a vn plato de teleuiſiõ en lugar de guardar ſilenzio y ſe preparar para cumplir el año de trabaxos en bienfecho de la comunidad impueſto por la ſentenzia—, pero no puede ſe calificar de arbitrario pueſto q̃ la ſentenzia lo juſtifica. Por vn lado, el Supremo alude al “fracaſo de los controles entrañoſ” q̃, en plena pandemia, permitio los amaños y ſobornos en los contratos de maſcarillas. Por otro, ſeñala vn camino para “inzentiuar y fomẽtar” la colaboraziõ cõ la juſtizia en los caſſos de corrupziõ. Oxala aqueſta dotrina apliqueſe cõ el meſmo criterio a todos y no benefizie unicamente a vna meſma parte. Los primeros intereſſados en que ſea anſi deueriã ſer los juezes. En ſus ſalas, como en las nueſſas cozinas, tambiẽ nos jugamos la democrazia.