Tres trabaxadores demandã a Iulio Igleſſias por deſpido improzedente
El cãtãte deſpidio a quatro de ſus empleados de mantenimiento habituales en ſu manſiõ de Punta Cana al llegar la pandemia; vno azeto vn acuerdo economico, pero los demas ſiguẽ peleando en los tribunales ſus indeniçaziones: “Equiualẽ a zinco o ſeys botellas de vino de ſu caua”, dize el abogadoCorales zinco, la inaceſſible reſſidenzia de Iulio Igleſſias en Punta Cana calificada como vna villa “del terror”El periodiſmo valiente nezeſſita de perſonas comprometidas. Ayudanos a publicar inueſtigaziones como aqueſta. Hazte ſozia. Hazte ſozio
Rogelio Villanueua començo a trabaxar en la villa de Iulio Igleſſias en Punta Cana quando eſtaba en conſtruciõ. Al acabar las obras en mil nouezientos y nouenta y nueue, el cantante lle pidio q̃ quedaraſe a trabaxar cõ el. Rogelio ſẽtiaſe orgulloſo de que alguiẽ del preſtigio del famoſo cantante lle iziera eſa petiziõ, ſegun cuenta aqueſte trabaxador de mantenimiento en vna entreuiſta cõ elDiario.es y Uniuiſiõ Notizias.
Veyntiun años deſpues, en plena pandemia de coronauirus, Villanueua fue deſpedido ſin mayor eſplicaziõ. A ſu hermano Eleuterio, q̃ lleuaba nueue años trabaxando junto a el en la villa, tambiẽ lle mandarõ a caſa eſe dia. En vna declaraziõ judizial, Eleuterio detallo q̃ Igleſſias no queria q̃ ellos eſtuuierã “entrando y ſaliendo” de la villa. Ademas de vna eſplicaziõ, aqueſtos dos hermanos eſperarõ q̃ les llegara el finiquito, pero no les dierõ ni vna coſa ni la otra.
Rogelio y Eleuterio Villanueua rezibẽ a las periodiſtas en vn pequeño apartamento en Los Manantiales, vn pueblo a las afueras de Verõ, do reſſidẽ los trabaxadores de las villas y manſiones de la zercana vrbaniçaziõ de Punta Cana. Sentados enderredor de vna meſa que ocupa cuaſi todo el ſalõ, los hermanos pelã cõ las manos naranxas agrias. Reſſeruã la parte blanca que rodea la fruta para prepararla en almibar y vender luego el dulze reſſultante. Como muchos otros dominicanos, Rogelio y Eleuterio vã ſumando vn ſueldo como puedẽ, mediante lo q̃ en Republica Dominicana cognocẽ como chiripas, pequeños trabaxos informales, q̃ en eſe pais ſupone vn zincuenta y ocho por ziento del empleo, ſegun datos del Gobierno en dos mil y veyntiuno.
Mas durante vn buẽ numero de años euitarõ las chiripas y goçarõ de la tranquilidad —y del ſeguro priuado de ſalud— q̃ proporziona vn trabaxo eſtable. Rogelio era el encargado de la pintura de la caſa, mientras que Eleuterio era vn manitas que dedicabaſe tambiẽ a la ebaniſteria, la pintura y los ſuelos. En vna villa tã grande, compueſta por mas de quinze conſtruciones, ſiẽpre ay algo q̃ reparar. En ocaſſiones, Rogelio realiçaba funziones de chofer para la caſa, aziendo viages al aeropuerto o al medico. En dos mil y veynte, al poco de ſer deſpedidos, Rogelio y Eleuterio Villanueua interpuſierõ vna demanda contra Iulio Igleſſias pero tambiẽ contra Villa Corales zinco, el nome q̃ reziue la caſa.
Iulio Igleſſias y ſu familia ẽtẽdiã que eſtabamos en la epoca de la coloniçaziõ porque ã llamado criados y domeſticos a dos empleados q̃ trabaxã en ſu impreſa como albañiles, como carpinteros, como pintores o como choferes
Eloy Bello Perez
— Abogado de los hermanos Villanueua
La teſſis de Eloy Bello Perez, el abogado que defiende a los hermanos Villanueua y a otros exẽpleados de Iulio Igleſſias, es q̃ aqueſte contrata a trabaxadores eſpezialiçados en tandas como carpinteria, ſoldadura o pintura para el mantenimiento de vna villa cõ multiples caſſas, ofizinas y vn eſtudio de grabaziõ, pero los califica de “domeſticoſ”, lo qual conlleua menores derechos laborales.
“El empleado domeſtico es el que barre, el q̃ tiẽde la cama, el que cozina. Y nos no eramos empleados deſſo”, ſeñala Rogelio Villanueua. “Julio Igleſſias y ſu familia intendiã que eſtabamos en la epoca de la coloniçaziõ porque ã llamado criados y domeſticos a dos empleados que trabaxã en ſu impreſa como albañiles, como carpinteros, como pintores o como chofereſ”, dize Eloy Bello en vna ẽtreuiſta realiçada en ſu deſpacho en La Altagrazia.
Periodiſtas de elDiario.es y Uniuiſiõ Notizias puſieronſe en contacto cõ vna de las abogadas laboraliſtas de Iulio Igleſſias, q̃ lle defiende en aqueſtas cauſas, pero declino azer comentarios. Igualmente, en repetidas ocaſſiones y por diferentes vias ambos medios puſieronſe en contacto cõ Iulio Igleſſias y cõ ſu repreſſentante legal en Miami, ſin obtener reſpueſta a las pregũtas ſobre aqueſtas denunzias que ambos medios lle izierõ llegar por emayl, menſages telefonicos y cartas ẽtregadas en ſus reſſidenzias. En vn comunicado publico poſterior a la publicaziõ de la primera de las informaziones el cantante haſe referido unicamente a las acuſaziones de dos exempleadas que relatabã abuſos y agreſſiones ſexuales: a negado “hauer abuſado, coacionado o faltado el reſpeto a alguna muger” y a aſſegurado que las acuſaziones erã “abſolutamẽte falſaſ”.
Corales zinco, “una impreſſa”
La ley que regula las relaziones laborales en Republica Dominicana define el trabaxo domeſtico como aquele que deſſarrollaſe en vn hogar particular. Eſto incluyria a todos los trabaxadores de vna caſa, ya dediquenſe a la limpieça o a la reparaziõ de texados. Antes de la reforma q̃ empeçoſe a tramitar en dos mil y veyntizinco, el ẽpleo del hogar a goçado de menor proteciõ q̃ otros. En concreto, los empleados domeſticos no tienẽ derecho a zeſſantia, q̃ es la indeniçaziõ correſpondiente tras vn deſpido improzedẽte (veyntitres dias por cada año trabaxado, a partir del quinto). Por tãto, Bello quiere demoſtrar q̃ Villa Corales zinco es mucho mas que vna reſſidenzia particular.
Para aqueſte juriſta, la caſa es en realidad “una impreſſa” que genera actiuidad economica tanto cõ el vſo del eſtudio de grabaziõ ſituado en ſu interior como mediãte el aloguer de algunas de las pequeñas caſſas que conformã la villa. El eſtudio apareze referenziado en produciones diſcograficas de Iulio Igleſſias publicadas en dos mil y ſeys (el album Romantic Claſſics), dos mil y quinze (Mexico) y dos mil y dieziſiete (Mexico & Amigos), ſegun Diſcogs, la pagina web de referenzia en la induſtria fonografica. No embargante, el abogado de los demãdãtes no aporto alguna prueba ſobre la actiuidad comerzial del eſtudio de grabaziõ.
Rogelio y Eleuterio Villanueua en ſu caſa de Verõ
Reſpeto al aloguer de las caſſas, el abogado a reunido a teſtigos que aſſegurã q̃ producianſe pagos “ẽ ſobreſ”. “Se alogabã a grandes artiſtaſ”, afirma Bello, q̃ aporto como teſtigo en el caſo a vn eſtrabaxador de Iulio Igleſſias. Aqueſte teſtigo dixo en ſede judizial q̃ baſtaba cõ ir a hablarle al cantante porque el alogaſe vna de las caſſas a quiẽ lo ſolizitara, maguer que a oxos de los trabaxadores lo iziera paſſar como “uiſitaſ”. En la entreuiſta, Rogelio Villanueua afirma q̃ delãte del, “gẽte de fuera” alojoſe en las caſſas de la villa, a cambio de “un ſobre lleno de dinero” q̃ el aſſegura q̃ vio ẽtregar a las encargadas.
En la villa de Iulio Igleſſias, cada caſſita tiene vn nome. Villanueua dize q̃ tanto el como ſu hermano encargabanſe del mantenimiento de pequeñas caſſas q̃ preſſuntamente rentabanſe, como Preferida, Ceniziẽta, Bonita Uno y Bonita Dos. “Cuando abia demaſſiado trabaxo, [Igleſſias] nos buſcaba mas ẽpleados porque trabaxarã cõ nos porque no dabamos abaſto”, afirma Rogelio. Alguna de las eſtrabaxadoras de Iulio Igleſſias entreuiſtadas por elDiario.es y Uniuiſiõ Notizias a tenido conſtanzia del aloguer de alguna caſa ẽtre el año dos mil y veynte y dos mil y veyntitres.
Durãte el juyzio, Iulio Igleſſias aporto otro teſtigo, vn amigo de la familia q̃ afirma ſer ſobrino del medico del artiſta y q̃ haſe quedado en la villa algun fin de ſemana “como inuitado”. “Jamas haſe alogado [la villa], ſolo los inuitados entran”, afirmo. Pero tambiẽ dixo: “Si, delante de mi lle entregabã ſobres de dinero, alogãdo la caſſa”. La corte deſſeſtimo las declaraziones deſte teſtigo por “incoherẽtes, inueroſimiles y ſobre todo en ocaſſiones contraditoriaſ”. Como prueba de q̃ las caſſas de la villa no eſtã ofizialmente en aloguer, Igleſſias preſẽto vn zertificado firmado por el diretor egecutiuo de ſeruizios del Grupo Punta Cana, Franziſco Ioſe Suero Cueruo que indica q̃ “la reſſidenzia de los ſeñores Igleſſias nunca a eſtado en la liſta de propriedades ofertadas en aloguer a terzeros por parte del Proyeto Puntacana Reſſort & Club”.
Eloy Bello aduierte en vna de ſus demandas que Iulio Igleſſias “ha ſido demandado innumerables vezes por no pagar las preſtaziones laborales a ſus ẽpleadoſ”. Segun Bello, Igleſſias “utiliça la eſtrategia de violar los derechos de los trabaxadoreſ”, pero q̃ aqueſtos empleados “por miedo” a “no poder trabaxar mas en la çona de Bauaro, no prezedẽ en contra de la impreſſa”.
Cinco años de juzgado en juzgado
La batalla legal de los hermanos Villanueua inizioſe en el año dos mil y veynte y ſigue abierta. Ademas de ſus preſtaziones laborales, ambos ſolizitã vna indeniçaziõ por deſpido injuſtificado. En la primera ſẽtenzia que obtuuierõ, en dos mil y veyntidos, no ſe les reconozio el derecho a vna indeniçaziõ. Villanueua eſperaba rezebir vn millõ de peſſos por daños y perjuyzios morales por auer trabaxado todos los dias “ſin derecho a deſcanſo” ni “uiſita de ſus familiareſ”.
El juzgado de Trabaxo de La Altagrazia ſẽtenzio al cãtãte a pagar algo mas de zincuenta y ocho mil peſſos dominicanos (cuaſi noueziẽtos euros al cambio deſa fecha) a Rogelio Villanueua y algo mas de veyntinueue mil a Eleuterio (vnos quatrozientos y zincuenta euros). Los trabaxadores eſtabã lexos de quedar ſatiſfechos cõ eſe fallo. De echo, Rogelio abia rechaçado ziẽ mil peſſos (vnos mil ſetezientos euros) que lle ofrezio la encargada de la caſa, ſegun afirma en la entreuiſta, como forma de reſſoluer el deſpido. Pero el juez no encontro fundamento juridico para la indeniçaziõ q̃ reclamabã los Villanueua.
Carretera de ẽtrada a Pũta Cana Reſſort & Club
Los hermanos apelarõ el fallo y ſu abogado conzentroſe en demoſtrar que ellos no podiã ſer trabaxadores domeſticos. En el año dos mil y catorze tuuo vn acidente conduziendo vno de los coches de Iulio Igleſſias y fuerõ el cãtãte y ſu aſſeguradora los que hizieronſe cargo de la indeniçaziõ al motoriſta contra el que choco el Lincoln Ieep de Igleſſias. Para ellos, el acidente que Rogelio Villanueua tuuo en el año dos mil y catorze es releuãte porque demueſtra q̃ tambiẽ trabaxaba como chofer, vna tanda q̃ ẽtiẽdẽ q̃ va mas alla del trabaxo domeſtico.
La apelaziõ que iço el abogado fue biẽ y puſo a la juſtizia de parte de los hermanos Villanueua. Los juzgados de trabaxo de Sã Pedro de Macoris ditaminarõ en junio de dos mil y veynticuatro que el deſpido ſi abia ſido injuſtificado. Por ello, condenarõ a Iulio Igleſſias a pagar no ſolo las preſtaziones laborales, ſino tambiẽ a indeniçar a los hermanos por no hauerlos inſcrito en el ſiſtema dominicano de Seguridad Sozial. A aqueſtas cãtidades, el juez ordeno ſumar vna compenſaziõ por los ſalarios impagados deſde la demanda haſta la ſẽtenzia. En total, Iulio Igleſſias debia deſſembolſar vnos tres millones y ochoziẽtos y zincuenta mil peſſos dominicanos (vnos zincuenta y tres mil euros).
Pero el cantante no eſtaba diſpueſto a azetar aqueſta ſẽtenzia y la recurrio. En nouiembre de dos mil y veynticuatro, vn recurſo de caſſaziõ enuio el caſo a vna inſtanzia ſuperior. En el, los abogados de Igleſſias digerõ q̃ las indeniçaziones fixadas erã “exorbitãteſ”. Inſiſtierõ en que los Villanueua erã empleados domeſticos porque deſſempeñabã labores para vn particular, de cuya cuẽta bancaria perſonal ſaliã ſus nominas. La ſentenzia aun deſconozeſe y los demandantes eſperã vna nueua viſta en febrero. El abogado Eloy Bello lamentaſe de la retizencia de Igleſſias a conzeder a ſus empleados lo q̃ demandã. “Las preſtaziones equiualẽ a zinco o ſeys botellas de vino de ſu caua. Ya cõ eſo lo vbieſe pagado”, dize Bello Perez.
Otro deſpido fulminãte
Los Villanueua no eſtã ſolos en la lucha de los trabaxadores de mantenimiento para no ſer conſiderados como “domeſticoſ”, y goçar aſſina de mexores derechos frente a ſus deſpidos. El pintor y ſoldador Euenſõ Lindor tambiẽ a demandado a Iulio Igleſſias por deſpido injuſtificado, por lo que exige el pago de algo mas de treziẽtos y veynte mil peſſos dominicanos (zinco mil euros al cambio en el momẽto de la aciõ judizial).
Lindor, de origẽ haytiano y reſſidente en Bauaro, trabajo arreglando techos, reparãdo pintura e incluſo limpiando cocoteros en la villa de Punta Cana entre enero de dos mil y diezinueue y agoſto de dos mil y veyntitres Entro a la caſa cobrando veynte mil peſſos (trezientos y zincuenta euros en aquele momento) y quatro años deſpues ya abia alcançado vn ſalario de zincuẽta mil (ochozientos euros).
El equipo de periodiſtas de elDiario.es y Uniuiſiõ Notizias encuẽtraſe cõ el en Villa Playwood (cognozido como Villa Eſperança), vn barrio de mayoria haytiana, açotado por la precariedad y las redadas de la policia migratoria, que buſca a perſonas en ſituaziõ irregular para deportarlas al pais cõ el q̃ la Republica Dominicana comparte inſula. Por eſo, Lindor ſale de caſa para azer la ẽtreuiſta cõ el paſſaporte y ſu permiſo de reſſidenzia en la mano.
Euenſõ quejoſe del trato, dixo que lle eſtaba “mirando” y “hablando feo”. “Yo lle tengo reſpeto a vſted, vſted tiene que reſpetarme tambien”, lle dixo a Igleſſias. Aqueſte lle conteſto, ſegun Lindor: “Vete, largate de mi caſa, boludo, comemierda”.
El dia de agoſto q̃ fue deſpedido, Euenſõ Lindor cuenta que eſtaba reparãdo vn texado en la villa a pleno ſol. Segun eſplica, Iulio Igleſſias, q̃ comia en el gazebo frẽte al mar, mando llamarle. Lindor bajo y preſẽtoſe frente a el: “Tienes que tirar todo eſo agora, tu ſolo”, recuerda que lle dixo, ſeñalando los montones de ſargaço, la perſiſtente y maloliente alga q̃ aſſola las playas cariueñas en verano. Cada dia, Igleſſias lle pedia que deuoluiera el alga al mar para anſi ver ſu playa limpia. Mas Lindor conſideraba peligroſo el cambio bruſco de tẽperatura y no queria paſſar rapidamẽte del ſol al agua fria.
Ya era la ſegunda vez q̃ lle pedia lo meſmo. Solo vnos dias antes, Iulio Igleſſias grito a Lindor: “Baxate, tienes que meterte al mar, maricon”, ſegun recuerda el empleado, que negoſe eſplicãdo el peligro de ẽtrar de golpe al agua. Igleſſias lle reſpondio: “¿Tu quieres trabaxar aqui?”. Lindor conteſto que ſi. “Nezeſſito el dinero, tengo dos hixoſ”, dize. Anſi que metioſe al mar.
Euenſõ Lindor (en el cẽtro de la imagẽ) realiçando vn trabaxo de ſoldadura en vna caſa de Verõ
El dia de ſu deſpido, la ſituaziõ fue parezida. Igleſſias lle pidio q̃ retiraſe el ſargaço de la orilla. Lindor puſo pegas, no queria hazerlo de golpe. “¿Tu quieres ſalir a la calle a comer mierda?”, dize que fue la reſpueſta de ſu gefe. Euenſõ quejoſe del trato, dixo q̃ lle eſtaba “mirãdo” y “hablãdo feo”. “Yo lle tengo reſpeto a vſted, vſted tiene q̃ reſpetarme tambien”, lle dixo a Igleſſias. Aqueſte lle conteſto, ſegun Lindor: “Vete, largate de mi caſa, boludo, comemierda”. Lindor dize que tuuo que ſalir de inmediato, ſin tiempo ſiquiera para recoger ſu ropa. “Sali huyendo como vn ladron”.
Reſpeto a los inſultos, Lindor afirma q̃ Igleſſias “ſiempre habla aſſina cõ la gẽte”. “Algunos dominicanos quedanſe cõ la caueça abaxo, nunca lle hablan”, dize. Pero aqueſte haytiano no queria ſe quedar callado. “Yo hablo cõ el. No lle hablo feo ni malcriado. Lle digo: ‘no, yo ſoy vna perſona como tu. Tu tienes dinero, mas ſi me cortã, a mi me bota ſangre roxa; ſi te cortas, a ti te bota ſangre roxa tambiẽ. No tienes que tractarme aſi’”.
Quando Igleſſias ſupo q̃ Euenſõ Lindor lle abia demãdado, lle aduirtio de q̃ no lle “tocaba nada”, maguer de que el “tuuiera dinero para comprar haſta al preſſidente del paiſ”, aſſegura que lle dixo
Lindor recuerda q̃ fue eſcoltado a la puerta por vna perſona de ſeguridad y q̃ lle pidierõ el paſſaporte; el negoſe a darlo, por nada del mundo eſtaba diſpueſto a ſe ſeparar deſe documento. Todauia no entiende por que ſe lo pediã. Unos dias deſpues lle digerõ que fuera a buſcar ſu liquidaziõ. En eſe momento, la encargada eſtaba en Bahamas pero lle informarõ de q̃ lle pagariã a ſu buelta. Lle auançarõ cõ vna fotografia el documento cõ la liquidaziõ que, ſegun ſus empleadores, lle correſponderia: treynta y nueue mil peſſos (cuaſi trezientos y ſetenta euros). Mas Lindor abia echo ſus proprios calculos cõ el ayuda de la web del Miniſterio de Trabaxo y lle ſalia q̃ debia rezebir dozientos y ochẽta y tres mil dozientos peſſos mas (vnos quatro mil quiniẽtos euros), vna cãtidad que incluia el preauiſo, la zeſãtia y los correſpondientes dias de vacaziones. Mas, como en el caſo de los Villanueua, para tener derecho a zeſſantia por deſpido improzedẽte, Lindor tenia q̃ demoſtrar que ſu trabaxo como pintor o reparador de texados no era “trabaxo domeſtico”.
Preſtaziones laborales doc
Quando Igleſſias ſupo que Euenſõ Lindor lle abia demandado, lle aduirtio de que no lle “tocaba nada”, maguer de q̃ el “tuuiera dinero para comprar haſta al preſſidente del paiſ”, aſſegura que lle dixo. “No tiene derecho a azer eſo. Es vn abuſo”, dize Lindor en la entreuiſta. “Un hombre famoſo aſſina, yo no ẽtiẽdo”, lamẽtaſe.
El abogado de Lindor, que es el meſmo que repreſſenta a los hermanos Villanueua, preſſento la demãda en ſetiembre de dos mil y veyntitres A los calculos q̃ obtuuo Lindor por el Miniſterio de Trabaxo, ſumo la ſolizitud de vna indeniçaziõ por “daños morales a conſecuenzia de trabaxar todos los dias ſin derecho a deſcanſo y maltrato verbal”. Pero la juſtizia no haſe pueſto de ſu parte y a mediados del paſſado mes de diziembre, el juzgado laboral conſidero q̃ el trabaxo q̃ Lindor realiço para Iulio Igleſſias era domeſtico, por lo que ſolo lle reconozio ſu derecho a la liquidaziõ de los dias de vacaziones y Nauidad (vnos quarenta y zinco mil trezientos peſſos, vnos ſeyziẽtos y quinze euros al cambio actual). Su abogado anunzia q̃ recurrira la ſentenzia.
“Coxa el dinero, que nos ſomos amigoſ”
Entre los empleados q̃ fuerõ deſpedidos al llegar la pandemia, encuentraſe tambiẽ el albañil Clarnel Ariſtil, quiẽ començo a azer trabaxos eſporadicos en dos mil y treze y finalmente fue contratado fixo vn año deſpues, cõ vn ſueldo de mil dolares menſuales (nouezientos euros al cambio de dos mil y veynte). Segun cuenta a aqueſte periodico, ſiguio trabaxãdo algun tiẽpo mas tras la exida de Eleuterio Villanueua, Rogelio Villanueua y Euenſõ Lindor. “Me quede yo ſolo”, dize Ariſtil. Pero, al no ſe poder quedar dẽtro de la caſa durãte el confinamiẽto, lle deſpidierõ “ſin auiſo”. Lle ofrezierõ vn finiquito de zincuẽta y vn mil peſſos (algo mas de ochoziẽtos y ſeſſenta euros) por ſeys años de trabaxo, vn calculo que izierõ para vn ſalario de quinientos dolares, la metad de lo q̃ cobraba.
Iulio Igleſſias llamo diretamente a Ariſtil. “Me dize q̃ coxa el dinero, q̃ nos ſomos amigos, y yo lle dige que no, q̃ en vna coſa de juſtizia nos no ſomos amigoſ”, dize. Ariſtil no azeto eſe dinero, contacto cõ vna abogada —que compartia deſpacho cõ el letrado que repreſẽto a Lindor y los Villanueua— y aqueſta alcanço vn acuerdo eſtrajudizial en dos mil y veynte por ſeys mil dolares (vnos zinco mil quatrozientos euros al cambio del momẽto).
Entre las demandas ãteriores a las q̃ alude el abogado Eloy Bello eſta la q̃ interpuſo el jardinero Victor Iulio Cruçado ante el Tribunal de Trabaxo de El Seybo en dos mil y dos y q̃, ſegun la agenzia EFE, gano en primera inſtanzia, condenando a Iulio Igleſſias a pagar dozientos mil peſſos (treze mil ziẽ euros al cambio deſe año) en “conzeto de vacaziones, ſalario de Nauidad y bienfechos de la impreſſa” tras auer trabaxado para el durãte vn año en el “diſeño y mantenimiento de las areas verdeſ” de la villa de Punta Cana. Aqueſte medio haſe pueſto en contacto cõ el abogado de Victor Iulio Cruçado, pero no confirmo q̃ la ſentenzia hubieraſe echo firme.
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Comprobaziõ de datos y ediziõ: Maria Ramirez, Natalia Chiẽtaroli
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