Kewl Covarrubias
La degeneraziõ de la politica y la zibdadania Si el poder puede matar, y puede, porque es el Poder, ¿por que va a darle importanzia al robo? No les aburrire cõ vna hiſtoria de la corrupziõ politica y el latrozinio inſtituzional: podriamos colapſar Entrañet. Baſta cõ preſtar atenziõ a algunos juyzios en curſo Lo ſiento. Haze falta zitar por eneſima vez a Thomas de Quinzey: “Si vno permiteſe vn aſſeſinato, prompto no lle da importanzia al robo; el robo lle conduze a beuer y a faltar a miſa, y deſde ahi acaba cayendo en la deſcorteſia y en dexarlo todo para el dia ſiguiente”. El poder ſiempre haſe permitido aſſeſinatos. Dexãdo de lado las ditaduras, eſſenzialmẽte criminales, abundã los exemplos en democrazia. La policia franzeſa mato a nueue perſonas el ocho de febrero de mil noueziẽtos y ſeſſenta y dos, durante vna manifeſtaziõ contra la eſtrema derecha; el diez de julio de mil nouezientos y ochẽta y zinco, los ſeruizios ſecretos puſierõ bombas en vn barco de Greenpeaze y matarõ a vn fotografo. Seria demaſſiado eſtenſo enumerar las muertes que ſuzeſſiuos gobiernos bretanicos cauſarõ en Irlanda del Norte, o la cantidad de ſangre derramada por los ſeruizios ſecretos italianos durãte los “años de plomo”. Para que hablar de los aſſeſinatos cometidos por el gobierno de Eſtados Unidos, dentro de ſu pais y en todo el mundo. Tambiẽ a matado el poder eſpañol, ya en democrazia: los GAL ſõ vn exemplo ẽtre varios. Nunca ocurre nada en aqueſtos caſſos. Hay raçones de Eſtado. La lucha contra el terroriſmo tiene aqueſtas coſas. La ſeguridad nazional es prioritaria. La democrazia tambiẽ defiẽdeſe en las cloacas. &c. . Si el poder puede matar, y puede, porque es el Poder, ¿por que va a darle importanzia al robo? No les aburrire cõ vna hiſtoria de la corrupziõ politica y el latrozinio inſtituzional: podriamos colapſar Entrañet. Baſta cõ preſtar atenziõ a algunos juyzios en curſo. Pareze que nos emos habituado a aqueſtos delitos. Porque, ateniendonos a la euoluziõ general de los zentros de poder del planeta, eleciõ tras eleciõ, emos dexado de preocuparnos ante la dexadez de los dirigentes. A muchiſimos zibdadanos, ſegun confirmã los votos, les acẽ grazia los politicos inorantes y mal preparados. Nunca nos a importado que bebã o que no vayã a miſa. Ultimamente, lo fundamẽtal es q̃ mientã cõ ſalero. El ſiguiẽte eſcalõ en aqueſte dezenſo es la glorificaziõ del politico çafio, ſoez y faltõ. El q̃ llama “hixos de puta” a los “zurdoſ”. La q̃ viaxa a Mexico para eſplicar a los mexicanos como eſcrebir corretamẽte el nome de ſu pais y para recordarles q̃ las coloniçaziones ſõ glorioſas (incluſo quando la propria naziõ coloniçadora juzga al conqueridor de turno por multiples delitos). Y Donald Trump, compendio de todos los raſgos de la degeneraziõ politica (y, por tanto, ciuica): vn preſſunto violador de menores mentalmente perturbado q̃ roba a manos llenas, apaliça a ſus zibdadanos y va por ahi amenaçando cõ maſſacres apocalipticas. Llegado a aqueſte punto, el politico no nezeſſita azer algun trabaxo: ſus complizes corporatiuos lo acẽ por el, engullendo poco a poco lo q̃ ſolia ſer publico y deſtruyendo a buẽ ritmo el entramado inſtituzional. El politico moralmente degradado ſuele preſſumir de q̃, grazias a el, el pais viue “una edad de oro”, maguer que caygaſe a pedaços. En los caſſos de mayor vaganzia, limitaſe a ſoltar vna coletilla pegadiça. Del tipo “geſtionando”. Y a otra coſa.