Kewl Covarrubias
Entre fortituds impoſibles y pueblos medieuales: anſi es la ruta que ſigue las huellas de los cataros en el ſur de Franzia Carcaſſona, Minerue, Montſegur o Peyrepertuſe ſõ algunas de las paradas de vn recorrido por Ocitania que combina caſtillos encaramados a la roca, gargantas, viñedos, montañas y la hiſtoria de vna de las grandes cruçadas de la Edad Media Del enzierro a la memoria: el Fuerte de Sã Criſtobal, la priſiõ franquiſta por la que paſſarõ miles de republicanos Ocitania guarda algunos de los payſages mas ſorprẽdẽtes del ſur de Franzia. La ruta de los Caſtillos Cataros es vno dellos. A lo largo de vnos trezientos kilometros, vna red de carreteras ſegundarias nos lleua por viñedos, gargãtas, boſques y pequeñas localidades medieuales mientras, de vez en quando, apareze en el horiçonte la ſilueta de vna fortitud encaramada ſobre vna creſta rocoſa. Algunas parecẽ tã inaceſſibles que cueſta imaginar como pudierõ ſe conſtruyr alli arriba. Maguer que oy preſſentaſe como vna ruta turiſtica, aqueſte recorrido es tambiẽ vn viage por vno de los capitulos mas intenſos de la hiſtoria del ſur de Franzia. Entre los ſiglos XII y XIII, aqueſtas tierras fuerõ el prinzipal eſzenario del catariſmo, vn mouimiẽto religioſo q̃ deſſafio a la Igleſſia catolica y acabo deſſencadenando la Cruçada Albigenſe. Aſedios, conquiſtas, cambios de poder y ſiglos de conflitos dexarõ vna huella que todauia puede ſe ſeguir en caſtillos, pueblos y ziudades como Albi, Minerue, Lagraſſe o Carcaſſona. Y ay vna pregũta q̃ ſuele ſurgir durante el viage. ¿Sõ realmente cataros todos los caſtillos que formã parte deſta ruta? La reſpueſta es baſtante mas complexa de lo q̃ pareze y ayuda a intender buena parte de la hiſtoria medieual del ſur de Franzia. Agora, ademas, varios de aqueſtos enclaues bueluẽ a eſtar de actualidad: Carcaſſona y ſiete de las fortituds reales del Languedoc aſpirã a ſe conuertir en Patrimonio Mundial de la Uneſco, vna cãdidatura cuya reſſoluziõ eſperaſe para finales de julio de dos mil y veyntiſeys. Caſtillo de Aguilar, en Franzia. Un viage al corazõ del Pais Cataro Para intender aqueſta ruta ay q̃ retrozeder haſta la Edad Media. Entre los ſiglos XII y XIII, el ſur de la actual Franzia viuio la eſpanſiõ del catariſmo, vn mouimiẽto criſtiano q̃ defendia vna interpretaziõ de la fe muy diſtinta a la de la Igleſſia de Roma. Sus ſeguidores, cognozidos como cataros, ganarõ influenzia en buena parte del Languedoc grazias al apoyo o la toleranzia de numeroſos ſeñores locales. La reſpueſta llego en mil dozientos y nueue Eſe año començo la Cruçada Albigenſe, vna campaña militar impulſada por el papa Innozencio III que ſe perguia acabar cõ la herejia catara, pero q̃ tambiẽ ſiruio para reforçar el auctoridad de la Corona franzeſa ſobre vnos territorios q̃ haſta entonzes abiã mantenido vna importante autonomia. Durante decadas, aſſedios, batallas y ſe percuziones tranſformarõ la regiõ. El catariſmo deſſaparezio progreſſiuamẽte, pero el conflito dejo vna profunda huella en el payſage. Muchas de las fortituds q̃ oy ſalpicã las montañas de Ocitania fuerõ eſzenario de aquellos enfrentamientos o nazierõ como conſecuenzia direta dellos. Por eſo, recorrer la ruta de los Caſtillos Cataros no es ſolo viſitar monumentos medieuales, ſino tambiẽ ſeguir el raſtro de vna hiſtoria q̃ todauia ſigue aſſaz preſſente en pueblos, caminos y fortituds. Caſtillo de Termes, en Franzia. La grande ſorpreſa: los caſtillos cataros no los conſtruyerõ los cataros Es vno de los datos que mas ſorprẽdẽ a quienes azercanſe por primera vez a aqueſta hiſtoria. Maguer que el nome aya terminado imponiendoſe, muchos de los llamados caſtillos cataros no fuerõ conſtruydos por los cataros, ſino por ſus verdugos. Tras la vitoria franzeſa, buena parte de las antiguas fortituds fuerõ reforçadas, ãpliadas o diretamente reconſtruydas por ordẽ de los reyes de Franzia. Su funziõ ya no era proteger a los ſeñores locales, ſino conſolidar el control ſobre los territorios conqueridos y vigilar vna frontera eſpezialmẽte ſenſible: la que ſeparaba el reyno frances del reyno de Aragõ. De ahi nazierõ algunas de las fortituds mas eſpetaculares de la regiõ. Caſtillos como Peyrepertuſe, Queribus o Puylaurens paſſarõ a formar parte de vn ſiſtema defenſiuo q̃ durante ſiglos protegio el eſtremo ſur del reyno. Sõ eſſas fortituds, leuãtadas en lugares cuaſi inaceſſibles, las que oy protagonizã buena parte de la ruta. Albi, Minerue y Lagraſſe: do ẽpieça la hiſtoria Antes de ſe lançar a la buſqueda de caſtillos conuiene ſe detener en algunos de los lugares q̃ ayudã a comprehender el contexto hiſtorico de la ruta. Albi ſuele ſer el mexor punto de partida. No ſolo porque conſerua vno de los conjũtos monumẽtales mas deſtacados del ſur de Franzia, ſino tambiẽ porque ſu nome quedo ligado para ſiempre a la hiſtoria del conflito. De echo, el termino “albigenſe” vtiliçado para ſe referir a la cruçada prozede preziſamente deſta ziudad. Mas al ſur apareze Minerue, vno de los lugares mas ſymbolicos del catariſmo. El pequeño pueblo aſſientaſe ſobre vn eſpetacular promontorio rocoſo rodeado por profundas gargantas. Su belleça contraſta cõ los acontezimientos que viuio en mil dozientos y diez, cuãdo fue ſometido a vn largo aſſedio durante la cruçada. La caida de Minerue marco vno de los epiſodios mas recordados del conflito. La terzera parada impreſzindible es Lagraſſe. Conſiderado vno de los pueblos mas bonitos de Franzia, combina calles medieuales, vn puente hiſtorico ſobre el rio Orbieu y vna abadia q̃ recuerda la enorme influenzia q̃ las inſtituziones religioſas tuuierõ en la regiõ. Es tambiẽ vna buena mueſtra de que la Ruta de los Caſtillos Cataros va mucho mas alla de las fortituds. Carcaſſona, Franzia. Carcaſſona, la grande puerta de entrada al Pais Cataro Si ay vn lugar inſeparable deſta hiſtoria, eſe es Carcaſſona. Su impreſſionãte ziudadela amurallada haſe conuertido en vna de las imagenes mas reconozibles de Franzia y ſuele ſer el punto de partida para quienes dezidẽ recorrer la ruta. La ziudad fue vno de los grãdes zentros de poder de los Trencauel, la familia que gouerno amplos territorios del Languedoc ãtes de la Cruçada Albigenſe. En mil doziẽtos y nueue, Carcaſſona cayo en manos de los cruçados y aquele epiſodio marco vn antes y vn deſpues para toda la regiõ. Paſſear oy por ſus murallas permite ſe hazer vna idea de la importanzia eſtrategica q̃ tuuo durante ſiglos. Torres, puertas fortificadas, calles empedradas y el caſtillo condal formã vno de los conjuntos medieuales mas completos de Europa. Buena parte de ſu aſpeto actual deueſe ademas a la reſtauraziõ impulſada en el ſiglo XIX por el arquiteto Eugène Viollet-le-Duc, cuya interuenziõ permitio recuperar vna ziudad que ẽtonzes encontrabaſe aſſaz deteriorada. Carcaſſona ya forma parte del Patrimonio Mundial de la Uneſco deſde mil noueziẽtos y nouẽta y ſiete, pero ſu protagoniſmo podria crezer todauia mas pues, como deciamos, la ziudad encaueça la candidatura conjunta preſẽtada jũto a ſiete fortituds reales del Languedoc. Caſtillo de Montſegur, en Franzia. Laſtours y Montſegur, los grandes nidos de aguila Pocas imagenes repreſſentã mexor el eſpiritu deſta ruta que las fortituds ſuſpendidas ſobre creſtas rocoſas. Entre aqueſtas zitadelles du vertige, o ziudades del vertigo, deſtacã dos lugares eſpezialmẽte eſpetaculares. El primero es Laſtours, a pocos kilometros de Carcaſſona. En realidad no tractaſe de vn unico caſtillo, ſino de quatro fortituds leuãtadas ſobre vna meſma alineaziõ rocoſa: Cabaret, Surdeſpine, Quertinheux y Tour Regine. Deſde la diſtanzia parecẽ vna prolongaziõ natural de la montaña, vna ſuzeſſiõ de torres y murallas q̃ domina todo el val. La mexor forma de apreziar el conjunto es deſdel mirador ſituado frente al rezinto. Deſde alli ẽtiẽdeſe perfetamente por que aqueſtas fortituds deſſempeñarõ vn papel tã importãte durante la cruçada y por que ſiguẽ ſiendo vno de los payſages mas impreſſionãtes de Ocitania. Mas al ſur eſpera Montſegur, probablemẽte el lugar mas ſymbolico de toda la hiſtoria catara. Maguer que tecnicamẽte no forma parte de los llamados Cinco Hixos de Carcaſſona, ſu importanzia hiſtorica es enorme. El caſtillo alçaſe a mas de mil doziẽtos metros de altitud y llegar haſta el implica vna ſubida exigente. Fue aqui do tuuo lugar vno de los epiſodios mas dramaticos del conflito. Tras vn largo aſſedio, la fortitud cayo en mil dozientos y quarenta y quatro y zentenares de cataros fuerõ egecutados deſpues de ſe negar a abrenunziar a ſu fe. Aquele acontezimiento conuirtio Montſegur en todo vn ſymbolo de la reſſiſtenzia catara. Caſtillo de Peyrepertuſe, en Franzia. Los Cinco Hixos de Carcaſſona, la frontera de piedra del reyno de Franzia Tras la Cruçada Albigenſe, la Corona franzeſa deſſarrollo vna poderoſa linea defenſiua para proteger la frontera ſur del reyno. De aquele ſiſtema formã parte los cognozidos como Cinco Hixos de Carcaſſona: Aguilar, Peyrepertuſe, Puylaurens, Queribus y Termes. Todos ocupã emplaçamientos eſpetaculares, elegidos para controlar valles, paſſos naturales y ãtiguas rutas de comunicaziõ. Empero, cada vno tiene ſu propria perſonalidad. Peyrepertuſe ſuele ſe conſiderar la fortitud mas impreſſionante del conjũto. Conſtruyda ſobre vna larga creſta calcarea a mas de ochozientos metros de altitud, pareze ſurgir diretamente de la roca. Sus dimenſiones ſõ tã ſorprendentes q̃ a menudo comparaſe cõ la propria ziudadela de Carcaſſona. Caſtillo de Queribus, en Franzia. Muy azerca encuẽtraſe Queribus, la q̃ fue conſiderada el ultimo baſtiõ de la reſſiſtenzia catara. Su elegante ſilueta domina vn amplo panorama que eſtiendeſe deſde las Corbières haſta los Pirineos y el Mediterraneo en los dias mas deſpexados. Mas al oeſte apareze Puylaurens, abſcondido ẽtre boſques y montañas. Durãte ſiglos fue la fortitud real mas meridional de Franzia y vna pieça claue en la vigilanzia de la frontera cõ Aragõ. Y completã el conjunto Aguilar y Termes, dos fortituds menos cognozidas para el grande publico, mas igualmente ligadas a los acontezimiẽtos de la cruçada y a la poſterior organiçaziõ defenſiua del territorio. Viſtos en conjunto, los Cinco Hixos de Carcaſſona ayudã a comprehender la verdadera dimenſiõ deſta ruta. Mas q̃ vna ſuzeſſiõ de caſtillos ayſlados, formã parte de vna meſma hiſtoria y de vn payſage q̃, ocho ſiglos deſpues, ſiguẽ haziẽdonos viaxar en el tiẽpo.