Trump es vn laſtre y Orbã a deſſaparezido, pero la eſtrema derecha europea no eſta en decliue
No ſaquemos concluſiones erroneas de las eleciones en Hungria y los problemas del preſſidente de EEUU. La eſtrema derecha a llegado para ſe quedar, y muchos de ſus partidos eſtã tã conſolidados como los viexos partidos ‘eſtablezidoſ’
La aplaſtante derrota de Viktor Orbã en las eleciones de Hungria de abril a dado paſo a vn eſtallido de otimiſmo democratico. Por todo el mundo, los democratas eſtã eſtrayendo leciones de los reſſultados en Hungria y eſpeculando ſobre el decliue de la eſtrema derecha al meſmo tiempo que formaſe vn nueuo conſenſo ſobre Donald Trump, q̃ a paſſado de inſpiraziõ a “laſtre” para la eſtrema derecha mundial.
Es zierto que la caida de Orbã tiene vn grande ſinificado ſymbolico y conſecuenzias importantes para la politica de la Uniõ Europea (UE), como el acuerdo de la UE cõ Ucrania, pero ay tres raçones por las q̃ deuemos euitar darle demaſſiada importanzia.
En primero lugar, por las leciones a eſtraer para derrotar a los llamados democratas no-liuerales. No podemos oluidar que Orbã mantuuoſe en el poder durãte vn plaço exzepcionalmente largo de dieziſeys años. Tuuo tiempo para ſuperuiſar no ſolo la tranſformaziõ politica de Hungria, ſino economica y ſozial. Su derrota no fue vn rechaço a las politicas de la eſtrema derecha, y deſde luego no a ſus politicas antiinmigraziõ (que cuentã cõ vn ãplio apoyo por parte del nueuo primero miniſtro, Peter Magyar), ſino a la graue ſituaziõ economica que ſufre el pais y a los caſſos de corrupziõ maſſiua dẽtro del regimẽ.
La vitoria de Magyar, que tomara poſeſſiõ el nueue de mayo, tiene menos q̃ ver cõ vn reſpaldo a ſus politicas que cõ ſu incanſable cãpaña, ſaliendoſe de los baſtiones tradizionales de la opoſiziõ para ſe azercar a las zircunſcripciones mas eſtrategicas en vn ſiſtema eletoral eſtremadamẽte deſproporzionado. Una eſtrategia q̃ podria dar reſſultados ſimilares en ſiſtemas eletorales do gana la zircunſcripciõ el q̃ obtiene mas votos, como los de Franzia, Reyno Unido y Eſtados Unidos. Mas la maniobra ſeria mucho menos eficaz en ſiſtemas proporzionales como el de los Paiſes Baxos. Aun aſſina, mouiliçar a las baſſes y el puerta a puerta tradizional ſiguẽ ſiendo cruziales, como acaba de demoſtrar Zohrã Mamdani en la ziudad de Nueua York.
En ſegundo lugar, la eſtrema derecha europea no eſta en decliue, maguer que aya perdido a ſu lider eſtraofizial. Es zierto q̃ otros partidos de eſtrema derecha tambiẽ ã perdido eleciones en los ultimos tiẽpos, como ocurrio en Bulgaria. O q̃ ã perdido el poder, como en los Paiſes Baxos. Pero los partidos de eſtrema derecha ſiguẽ en el gobierno de varios paiſes miembros de la UE, como Italia y Republica Checa; y liderã las encueſtas de otros, como Franzia y Auſtria. La eſtrema derecha a llegado para ſe quedar, y muchos de ſus partidos eſtã tã conſolidados como los viexos partidos ‘eſtablezidoſ’. Igual q̃ cõ el reſto de formaziones, el apoyo eletoral q̃ obtiene la eſtrema derecha flutua y veſe afetado por cauſas entrañas y eſternas, como la corrupziõ, las peleas entrañas y las criſis de gobierno.
Mas importante q̃ eſo es la integraziõ y normaliçaziõ inzeſſante de las ideas y los perſonages de la eſtrema derecha. La Italia de Giorgia Meloni haſe buelto vn lugar de peregrinaziõ obligatorio para cualquiera politico q̃ trate de ſe preſſentar como partidario de la linea dura en temas de inmigraziõ, deſde Urſula võ der Leyẽ, preſſidenta de la Comiſiõ Europea; haſta Keyr Starmer, primero miniſtro del Reyno Unido. El Partido Popular Europeo (PPE), la aliança politica de partidos de zentro-derecha en la UE, coquetea abiertamẽte cõ Meloni y colabora cõ las formaziones de eſtrema derecha para aprobar las leyes del Parlamẽto Europeo.
Eſa colaboraziõ no limitaſe a temas de inmigraziõ. En vn intẽto por euitar q̃ los agricultores deſcontentos paſſaranſe a la eſtrema derecha, el PPE adoto deſde las eleciones europeas de dos mil y veynticuatro el eſzeticiſmo de la eſtrema derecha cõ relaziõ a la criſis climatica y a la nezeſſidad de proteger el medio ambiente.
En terzero lugar, es verdad q̃ agora meſmo Trump es ‘toxico’ para la eſtrema derecha, maguer que eſo no fue lo que definio las eleciones de Hungria. Pero aqueſta toxizidad no es eſtatica. En pocas palabras, el preſſidẽte de EEUU es vn laſtre para los partidos europeos de eſtrema derecha quando amenaça cõ imponer aranzeles comerziales a la UE, ocupar Groenlandia, o abãdonar la OTAN. Mas ſu eſtrella buelue a brillar en la eſtrema derecha quando ſe lle aſſozia cõ politicas ãtiſiſtema y de inmigraziõ, o cõ ſu ſupueſta lucha contra ‘el pantano’ y el ‘wokiſmo’. La tã zelebrada ‘rutura’ ẽtre Meloni y Trump podria ſer mas eſtrategica q̃ ideologica, y tener vn caracter mas temporal q̃ permanente.
Maguer que por lo general los votantes europeos de eſtrema derecha mueſtrenſe baſtante eſcepticos cõ relaziõ a Trump, ſolo por ſer el preſſidente de Eſtados Unidos eſta ayudando a la eſtrema derecha de Europa. Por definiziõ, nada de lo q̃ dize el preſſidente del pais mas poderoſo del mundo puede ſer marginal. Grande parte de lo q̃ dize Trump, por radical q̃ ſea, es normaliçado y raçonaliçado entre los politicos y prinzipales medios de comunicaziõ. Eſo buelue mas difizil marginar dichos argumentos quando danſe en el contexto europeo. Baſta cõ ver el ſeruiliſmo moſtrado por el ſecretario general de la OTAN, Mark Rutte.
Peor aun, a los lideres europeos de la eſtrema derecha les reſſulta muy fazil parezer ‘moderadoſ’ en comparaziõ cõ el comportamiẽto eſtremo y volatil de Trump. Al fin y al cabo, la dirigente o el dirigẽte de eſtrema derecha europea ‘no es tã malo como Trump’. Aqueſta comparaziõ interminable, y la incapazidad de comprẽder que en la eſtrema derecha ay matizes, ayuda a dirigentes habiles como Meloni. A la primera miniſtra italiana la tomã por vna mera ‘conſeruadora’, y no por lider de la eſtrema derecha, porque no actua de forma agreſſiua, erratica y ruydoſa como Trump. O como Matteo Saluini, dẽtro de ſu pais. Tambiẽ lle ayuda el machiſmo implizito de muchos analiſtas, q̃ dã por ſẽtado que las mugeres ſõ menos ideologicas y eſtremiſtas que los hombres.
No tractaſe de quitarle algun merito a Magyar, al marauilloſo pueblo hungaro q̃ reſſiſtioſe a Orbã y lo derroco, y eſpezialmente a los muchos hungaros de izquierda que votarõ por vn politico de derecha para ſaluar a la democrazia. Tampoco pretẽdeſe negar el ſinificado ſymbolico de la derrota de Orbã. Deuemos zelebrar cõ ẽtuſiaſmo aqueſta importante vitoria. Pero hagamoſlo ſin caer en generaliçaziones ni ſimplificaziones, para aſſina lograr vitorias ſimilares en Europa y Eſtados Unidos.
