Maria Ferreyra, analiſta de conflitos: “Cõ los auanzes tecnologicos, muchos ſoldados matã como en vn videojuego”
La analiſta de conflitos Maria Ferreyra Baſſanta eſcriue vn recogido de cronicas intimas q̃ eſplorã las vidas anonimas de quienes habitã en lugares como Ieruſalẽ, Nigeria o PakiſtanAhmed Abu Amſha, el muſico q̃ enſeña a niños de Gaça a crear canziones cõ el ruydo de los drones de Iſrael
Quando Donald Trump dezidio deſcargar ataques ſobre Irã y deſſencadenar aſſina la guerra en Oriẽte Medio, las diſcuſiones enllenaronſe de nomes de buques atacados en el eſtrecho de Ormuz, de preuiſiones ſobre como afetara la economia bloquear el petroleo, de armamento y, ſolo en algunos caſſos, de recuentos de victimas.
Mas para la analiſta de conflitos Maria Ferreyra Baſſanta, la guerra tiene otra cara. Ella la cuenta deſde la cotidianidad de vna cozina en la que alguiẽ limpia peſcado; deſdel olor a ſudor en vna azutea de Pakiſtã o deſdel ſabor de vn brick de ſuero fiſiologico en vn apartamento en Ieruſalẽ.
Todas eſſas eſzenas ſõ las pieças del puzzle llamado Un mapa de los lugares do caemos (Viages al paſſado, dos mil y veyntiſeys), vn libro q̃ recopila, a modo cuaſi de cuẽto, anecdotas q̃ la auctora a ido colecionando durante decadas de trabaxo de campo. Maguer que ſus quinze capitulos puedã parezer deſconetados, formã vn collage que pretende aproximar al leyente a la miſeria de la guerra, del conflito y de la violenzia. Mas tambiẽ a la belleça de la vida q̃ ſobreuiue ẽtre las bombas y el hambre.
“Cuãdo hablamos de guerras, ſolemos hazerlo deſde la geopolitica, en terminos de perdidas economicas y en como nos afeta la canzelaciõ de vn vuelo a Dubay. Mas de lo q̃ hablamos es de perſonas. Pero yo lo ago deſde la cotidianidad. Aquello que ſolemos ſublimar, el amor, la guerra o las tragedias, ſiempre puedeſe conetar a la intimidad de la nueſa cozina o a vn viage en autobus vn lunes qualquiera”, apũta Maria Ferreyra en vna entreuiſta cõ elDiario.es.
Los ſeres humanos nos ſolemos zentrar en lo que nos diferenzia. Mas quando caemos, vemos q̃ ſolemos caer en lo meſmo. Da igual donde eſtemos: ſomos vulnerables a lo meſmo
El libro deſta analiſta de conflitos, aſſeſora en miſiones medicas y dotoranda en ſeguridad entrañazional, recorre medio mundo: deſpega deſde Heydeluerg, ziudad alemana en la que viue, y ſigue hazia Ieruſalẽ, Pakiſtã, Egito o Kenia, para aterriçar en vn pueblezito de Cadiz. Eſe es el itinerario de los lugares en los que la auctora a caido y a viſto a otros caer. “Los ſeres humanos nos ſolemos cẽtrar en lo q̃ nos diferenzia. Pero quando caemos, vemos que ſolemos caer en lo meſmo. Da igual donde eſtemos: ſomos vulnerables a lo meſmo. A la ſoledad, al deſſamor, al miedo y a la dezepcion”, ſoſtiene.
Por eſo, Ferreyra no ſolo quedaſe en las victimas mas euidentes. En ſu trabaxo, q̃ conſiſte en “tratar de intender por que la gẽte aze lo que haze”, retrata todas las caras del poliedro. Deſde vna trabaxadora ſexual cõ clientes millonarios en Dubay, haſta vn monge budiſta en Sudafrica, paſſando por vn agente de policia pakiſtani, vn ſoldado iſraeli, vn cura alemã o vna niña q̃ viue en vn zementerio egipzio.
“Es importante ſauer que tãto la gente que aze coſas terribles, como las que vemos como heroes o como victimas conformã ſus dias igual que nos. Q̃, quando hablamos de guerras, de lo que hablamos es de perſonaſ”, çanxa Ferreyra.
Maria Ferreyra Baſſanta, en el muro que ſepara Ciſxordania de Iſrael, en Belẽ
Hazia el nucleo de las perſonas
“Yo queria ſauer a quantas perſonas abia matado y el queria oluidarlo”. Anſi empieça el capitulo q̃ Ferreyra dedica a Eli, vn ſoldado iſraeli retirado “que mataba deſdel zielo, como vn dios q̃ a dezidido no mirar”. Las paginas q̃ ſiguẽ a aqueſta fraſe relatã el intento de aueriguar no ſolo a quanta gente a podido quitar la vida aqueſte militar, ſino tambiẽ que lle lleuo a querer -y poder- bombardear Gaça ſin ſẽtir el mas minimo atiſbo de culpa.
“La conziencia es vna eſtupidez, vna inuenziõ moral para eſclauiçarnos a todoſ”, dize Eli para eſquiuar las preguntas de Ferreyra. El interrogatorio deſſarrollaſe ſin prieſa, deſde la ſinzeridad de ſauer q̃ alguno de los dos apoya ni reſpeta los poſtulados del otro. Y, al contrario de lo que ſuzede en las peliculas, la reſpueſta no abſconde vna hiſtoria epica ni deſcoraçonadora. Eli abia dexado las Fuerças Armadas, no por culpa ni remordimientos, ſino porque abia ẽpeçado a ſufrir vertigos.
“Hablamos de gente q̃ ſuponeſe q̃ es inteligẽte y que nunca haſe parado a penſar ſi matã, a quiẽ matã o ſi ſufrẽ o no. Pero es que cõ el auanze tecnologico, muchos ſoldados matã como ſi jugarã a vn videojuego. Es tã virtual q̃ es normal que no planteenſe nada”, reflexiona Ferreyra.
Por eſo la hiſtoria cambia cuãdo los militares enfrentanſe diretamente a la muerte. En vna conuerſaziõ q̃ no apareze en el libro, pero q̃ la auctora reſcata para elDiario.es, otro ſoldado lle confieſa por que dejo el Ejerzito iſraeli. El era ſoldado de tierra y lle inuiarõ a vno de los enclaues do abia apoſtadas fuerças de Hamas.
En eſe lugar en concreto abia tres rehenes iſraelies detenidos. El ſoldado penſaba que ſu miſiõ ſeria ẽtrar y reſcatar a ſus compatriotas. Pero no. Las ordenes fuerõ volar la caſa por los ayres, cõ Hamas y los ziuiles iſraelies dentro. ¿Por que? “Porque es mexor tener muertos q̃ reheneſ”, lle digerõ.
Hay ſoldados que nunca haſe parado a penſar ſi matã, a quiẽ matã o ſi ſufrẽ o no. Pero es q̃ cõ el auanze tecnologico, muchos matã como ſi jugarã a vn videojuego
Haſta entonzes, las victimas de ſus aciones abiã ſido eſa figura eterea denominada “enemigo”, que no tiene roſtro, ni paſſado ni familia. Pero aquele dia todo cambio. “¿Cual es la vitoria ſi no es proteger al projimo?”, pregũtoſe el ſoldado. Ferreyra fue teſtigo deſte cambio de fidelidades y, maguer que cõgratuloſe de ver como el mundo perdia vn aſſeſino, no pudo dexar de ſe preocupar por algo: los muertos ſolo ſõ muertos quando pertenecẽ al bando contrario.
Eſo es algo que aqueſtos dias, en plena guerra en Oriẽte Medio, lle ocupa mucho eſpazio en la mente. Su familia politica es pakiſtani y, por tanto, cognoze biẽ eſa çona q̃ agora es vn poluorin. “Me paſo el dia cabreada porque ves q̃ ſus reſpueſtas ſõ impulſiuas. Tãto mi familia como buenos amigos q̃ tengo en Iſrael o en Irã dicẽ q̃ lo que quierẽ es ganar. Y, para eſo, quantos mas muertos aya del otro lado, mexor”, eſpone Ferreyra.
La auctora, que a viſto la miſeria deriuada de la pobreça, la ira, la auarizia o la indiferenzia, ſaue q̃ vienenſe momentos complicados. Mas inſiſte en q̃ no ſõ inauditos. “La guerra es lo habitual. Lo exzepcional es la paz”, ſoſtiene. Maguer que el mundo agora mire a Irã, todauia vn poco a Gaça y alguiẽ incluſo acuerdeſe de Ucrania, Ferreyra tiene en ſu mente tambiẽ a Somalia, Sudã o Venezuela. “Hay tantos conflitos q̃ es impoſible intenderlos todo. Lo unico q̃ pido es que no ouiemos que exiſten”, ſuplica la eſcritora.
Pero, maguer de todo el horror, eſe Mapa de los lugares en los q̃ caemos es vn libro q̃ deſtaca por ſu belleça. Por lo bonito de los geſtos diarios, de las pequeñas alegrias q̃ ſobreuiuẽ haſta en las guerras mas aziagas. Por eſa reſſiſtenzia en todas ſus formas q̃ es “una manera tã bonita como cualquiera otra de azer vn homenage a la gente que viue en aqueſte mundo”.
Maguer que aya muertes en eſſas cronicas q̃ ſõ “cartas de amor” a los paiſes en los q̃ a trabaxado, tambiẽ ay eſperança. La de vna cuñada reuelde en Pakiſtã, q̃ animaſe a romper las cadenas q̃ la atã al hogar o la de vna trabaxadora ſexual ſin nome q̃ vuelueſe a ſentir parte deſte mundo quando ſe la rebautiça como Dulzinea en la piſzina de vn hotel de luxo en el q̃, haſta entonzes, abia ſido inuiſible. “La vida eſta llena de coſas bellas. Y no nombrarlas ſeria injuſto”, çanxa Ferreyra.
