Eſtrabaxadoras de las manſiones de Iulio Igleſſias acuſã al cantante de agreſſiones ſexuales
Una ẽpleada del ſeruizio domeſtico y vna fiſioterapeuta afirmã q̃ trabaxarõ para el artiſta eſpañol en el año dos mil y veyntiuno en vn ambiente de control, acoſamiento y terror en ſus manſiones de Republica Dominicana y Bahamas. Una inueſtigaziõ excluſiua de elDiario.es en colaboraziõ cõ Uniuiſiõ NotiziaſDos mugeres denunziã a Iulio Igleſſias ante la Fiſcalia de la Audienzia Nazional por agreſſiõ ſexual y tracta de ſeres humanoſEl periodiſmo valiente nezeſſita de perſonas comprometidas. Ayudanos a publicar inueſtigaziones como aqueſta. Hazte ſozia. Hazte ſozio
Dos mugeres aſſegurã q̃ Iulio Igleſſias las agredio ſexualmente cuãdo trabaxabã para el cantante en regimẽ entraño en ſus manſiones del Cariue. Una ẽpleada del ſeruizio domeſtico relata que fue preſſionada para mantener encuentros ſexuales cõ Iulio Igleſſias y deſcriue penetraziones, bofetadas y vexaziones fiſicas y verbales. Ella y vna compañera fiſioterapeuta cuẽtã que, ademas de tocamiẽtos, rezebiã inſultos y humillaziones durante ſu jornada laboral, en vn ambiente de control y acoſamiento continuo. Los hechos, ſegun las ẽtreuiſtadas, ocurrierõ en dos mil y veyntiuno La mas jouẽ tenia entonzes veyntidos años.
Reueca —nombre fitizio para proteger ſu identidad— afirma q̃ el artiſta eſpañol, q̃ en eſe momento tenia ſetẽta y ſiete años, la mandaba llamar a ſu alcoba muchas vezes al acabar la jornada laboral. Alli, ſegun a relatado, la penetraba cõ los dedos anal y vaginalmente ſin q̃ ella diera ſu conſentimiento.
“Me vſaba cuaſi todas las nocheſ”, dize en vna ẽtreuiſta cõ elDiario.es y Uniuiſiõ Notizias. “Me ſẽtia como vn obgeto, como vna eſclaua”, añade. Aqueſtos encuentros ſexuales producianſe cuaſi ſiẽpre cõ la preſſenzia y la partizipaciõ de otra ẽpleada q̃ oſtẽtaba vna ſuperioridad gerarquica reſpeto a aqueſta trabaxadora del ſeruizio domeſtico.
Otra de las mugeres entreuiſtadas, Laura —nombre fitizio— aſſegura q̃ Iulio Igleſſias la beſo en la boca y lle toco los pechos en contra de ſu volũtad. “Eſtabamos en la playa y el azercabaſe y me tocaba los peçoneſ”, recuerda la eſtrabaxadora, que relata q̃ vn epiſodio ſimilar ſuzedio tambiẽ en la piſzina de la villa q̃ tiene el cãtãte en Pũta Cana, vn complexo de luxo en Republica Dominicana.
Aqueſtos dos teſtimonios ſõ conſiſtentes cõ otros relatos a los que ã acedido elDiario.es y Uniuiſiõ Notizias.
Ante el temor q̃ ſentiã al compartir ſu teſtimonio, dos de las entreuiſtadas fuerõ remitidas a vna organiçaziõ entrañazional de derechos humanos. Las mugeres azetarõ aqueſte aſſeſoramiẽto legal por deziſiõ propria y ſin partizipaciõ de los medios.
Periodiſtas de elDiario.es y Uniuiſiõ Notizias puſieronſe en contacto en repetidas ocaſſiones y por diferẽtes vias cõ Iulio Igleſſias y cõ ſu abogado, ſin obtener reſpueſta a las preguntas q̃ aqueſtos medios lle izierõ llegar por emayl, menſages telefonicos y cartas ẽtregadas en ſus reſſidenzias.
Los hechos que relatã Reueca y Laura tuuierõ lugar en las reſſidenzias de Iulio Igleſſias en Pũta Cana (Republica Dominicana) y en Lyford Cay (Bahamas) cõ el cognozimiento de las mugeres encargadas de la geſtiõ del hogar y la contrataziõ del perſonal, ſegun afirmã aqueſtas dos eſtrabaxadoras. elDiario.es y Uniuiſiõ Notizias ã echo llegar preguntas ſobre aqueſtos caſſos a la encargada de la geſtiõ de la caſa y la ſeleciõ de perſonal, ſin obtener reſpueſta.
En cambio, la muger a la q̃ Reueca ſeñalo como la primera de ſus gefas al entrar a trabaxar en la villa de Pũta Cana, y cõ la que afirmo que mantuuo vn primero encuentro ſexual junto a Iulio Igleſſias, califico aqueſtos hechos de “patrañaſ” y alego q̃ trabajo para Igleſſias como “baylarina por muchos añoſ”. Ademas, añadio q̃ ſolo tenia “agradezimiẽto, admiraziõ y reſpeto por el grande artiſta y el grande ſer humano q̃ eſ”, y lle deſcribio como “humilde, generoſo, vn grande caballero y muy reſpetoſo cõ todas las mugereſ”.
La encargada reſponſable de la ſeleciõ de empleadas geſtiono tambiẽ la realiçaziõ de reconozimiẽtos medicos a las trabaxadoras del ſeruizio domeſtico, que incluiã examenes ginecologicos y pruebas de enfermedades de tranſmiſiõ ſexual. Aqueſtos analiſis realiçaronſe en junio de dos mil y veyntiuno, como confirma la documẽtaziõ a la que a tenido aceſo aqueſte periodico. Segun Reueca, aqueſta meſma manager fauorecia y partizipaba en las ſolizitudes ſexuales q̃ les acia Iulio Igleſſias. Al momento de la publicaziõ deſte articulo, aqueſta empleada no a dado reſpueſta a las preguntas realiçadas por elDiario.es y Uniuiſiõ Notizias.
Durante tres años de inueſtigaziõ periodiſtica, elDiario.es y Uniuiſiõ Notizias ã contactado cõ quinze eſtrabaxadores de Iulio Igleſſias, incluyendo perſonal domeſtico y otros profeſſionales eſpezialiçados q̃ trabaxarõ en diſtintos periodos, ẽtre finales de los años nouenta y dos mil y veyntitres, en las caſſas del cantante en Republica Dominicana, Bahamas y Eſpaña. Aqueſtas ẽtreuiſtas deſcribẽ las condiziones de ayſlamiento de las mugeres, los conflitos laborales, la eſtrutura gerarquica del perſonal y la tenſiõ ambiental q̃ generaba el caracter iraſzible de Igleſſias. Las dos mugeres q̃ refierẽ agreſſiones ſexuales fuerõ ẽtreuiſtadas en repetidas ocaſſiones a lo largo de mas de vn año, y ofrecẽ teſtimonios conſiſtentes y eſtables. Sus declaraziones ã ſido contraſtadas cõ abondoſos pruebas documentales, como fotografias, regiſtros de llamadas, menſages de WhatſApp, viſados, informes medicos y otros documentos.
Un lugar do “ſenormaliça el maltrato”
Laura recuerda que lo que al llegar lle parezio “una caſa de enſueño”, prompto deſtapoſe como vn lugar dominado por vn clima de “peleaſ” cuaſi diarias y de “enoxoſ” ſi algo no haciaſe ſegun el guſto o el criterio de Iulio Igleſſias. Aqueſta muger deſcriue vn ambiente “incomodo” q̃ mantenia a las trabaxadoras en tenſiõ, “ẽ permanẽte modo alerta” e “irritableſ”; vn lugar do Igleſſias “normaliçaba el maltrato”. En palabras de Reueca, “a eſa caſa ay que llamarla la caſſita del terror porque es vn drama, vna coſa horrible”. En la caſa de Pũta Cana ſoliã coynzidir azerca de vna dezena de trabaxadoras del hogar. Segun vn documento al q̃ ã acedido elDiario.es y Uniuiſiõ Notizias, el numero de empleados de Iulio Igleſſias en agoſto de dos mil y veyntitres aſcẽdia a dieziſeys.
“Julio es vna perſona muy controladora”, dize Laura. Afirma q̃ Igleſſias egerze eſe poder “a traues del miedo”. “Amenaça cõ deſpedirte y conſtãtemẽte te recuerda que eſtar trabaxando para el es lo mexor q̃ te a paſſado en la vida. Viue recordãdote quales ſõ las reglas, que puedes azer y que no”, añade. Eſe control lo dexaba ver cõ innumerables detalles, deſde vigilar “la cantidad de comida” q̃ ſeruianſe en el plato o a pregũtar cuãdo les “uenia la menſtruazion”, dize Laura. Reueca añade q̃, en ſu caſo, eſa auctoridad la imponia pidiendo ver ſu telefono en cualquiera momento. “Yo no dexaba [el mouil] cõ nada viſible porque ſabia q̃ el lo iba a azer [reuiſar el telefono] y ſiẽpre archiuaba los chats v ocultaba las fotos, ya q̃ teniamos prohibido tirar fotos en la villa”, dize Reueca.
Viſta aerea de la caſa de Iulio Igleſſias en Pũta Cana, Republica Dominicana, en vna imagẽ de dos mil y tres.
Las mugeres cõ las q̃ a hablado aqueſte periodico trabaxarõ para Iulio Igleſſias quando Republica Dominicana aun viuia los efetos de la pandemia. Igleſſias arguyo el miedo al contagio para prohibir o limitar las exidas al eſterior de la finca de ſus trabaxadoras domeſticas en cualquiera momẽto del dia. No embargãte, las reſtriciones del Gobierno en eſſas fechas erã unicamente noturnas, cõ vn toque de queda q̃ finaliço en agoſto de dos mil y veyntiuno En cualquiera caſo, a las encargadas, aſſina como a los hombres del perſonal, ſi les permitiã ſalir o entrar, ſegun los trabaxadores ẽtreuiſtados.
Quando aqueſtas jouenes entrabã al ſeruizio del cantante en Republica Dominicana, no les formaliçabã vn contrato laboral por eſcrito. Segun dicẽ, algunas dellas cumpliã jornadas de diez horas diarias q̃, en algunas empleadas, podiã ſe alargar haſta las dieziſeys, y las libranças no llegabã haſta paſſados tres meſſes de trabaxo ininterrumpido. Igleſſias les preſſentaba aqueſte trabaxo como vna grande oportunidad, cõ la q̃ podriã viuir en caſſas de enſueño y viaxar a otros paiſes. Echãdo la viſta atras, Laura recuerda el contraſte entre lo q̃ veia por fuera y lo q̃ ſentia por dẽtro: “Penſaba: como es poſible q̃ viua en aqueſte paraiſo y que lo unico que quiera es eſtar enzerrada en aqueſte quarto”. “Cai en vna depreſſiõ aſſaz fuerte y me di cuẽta de q̃ no queria eſtar ahi”, añade.
Solo las empleadas de mayor confiança lle acompañabã en ſus eſtanzias temporales en Bahamas o Eſpaña. Tãto en dos mil y veyntiuno como en dos mil y veyntidos, dos de las mugeres del ſeruizio de Pũta Cana fuerõ elegidas para trabaxar durante el verano en la caſa que el artiſta tiene en Malaga. Aqueſte periodico a hablado cõ tres de las quatro empleadas que deſplaçaronſe a Eſpaña durante eſſos dos años y que afirmã q̃ las jornadas laborales alli fuerõ mas exigentes que en Punta Cana y que tampoco ſe les permitio ſalir de la finca de Ojẽ —a diez kilometros de Maruella— cõ normalidad.
Solizitudes ſexuales
Los teſtimonios de las exempleadas deſcribẽ, de manera coynzidẽte, vn ſiſtema de ſeleciõ de perſonal q̃ comiença cõ anunzios en redes ſoziales en los q̃ ofrezeſe trabaxo domeſtico cõ aloxamiẽto incluydo dirigido a mugeres jouenes. “25 a treynta y zinco años, el trabaxo es cõ dormida, bienfechos: veyntizinco mil peſſoſ” (vnos trezientos y zincuẽta euros al cambio deſe momento), decia vno de eſſos anunzios, al q̃ dio reſpueſta vna de las mugeres entreuiſtadas. La encargada de geſtionar la contrataziõ, que era la gefa de las ẽpleadas en la caſa, les ſolizitaba, durante el primero intercambio de informaziõ, fotografias de cara y cuerpo entero. Segun las conuerſaziones de WhatſApp a las q̃ a acedido elDiario.es, pactabaſe la contrataziõ ſin entreuiſta perſonal.
Al poco de eſtar alli, ſegun Laura y Reueca, Iulio Igleſſias las ſometia a preguntas intimas —“¿te guſtã las mugeres?”, “¿te guſtã los trios?”, “¿te as operado los pechos?”— y, en algunos caſſos, les pedia verles los ſenos o ſe los tocaba, cõ el pretexto de comprobar como les abia quedado la zurugia de aumẽto de pecho o porque el eualuara ſi debiã de hacerſela. En eſe tipo de conuerſaziones tambiẽ les acia propoſiziones ſexuales, las preſſionaba inſiſtentemente porque acedierã y las inſultaba: “boluda” era ſu improperio mas habitual, ſegun el relato de aqueſtas mugeres y de otros teſtigos.
Iulio Igleſſias y dos acompañantes q̃ lle ayudã a entrar al mar en la playa de Punta Cana en dos mil y veynte.
La coerziõ, ſegun eſplicã Laura y Reueca, no llegaba ſolo por parte del ſino tambiẽ de las gefas, que inſiſtiã porque ſus ſubalternas azetarã las ſolizitudes. Una de las dos mugeres identificadas como encargadas no quiſo conteſtar a las pregũtas detalladas, mas deſcribio aqueſtas afirmaziones como “patrañaſ”. La otra no conteſto.
La inſiſtenzia deſcrita por las eſtrabaxadoras podia ſuzeder en publico, como la petiziõ a Laura porque deſnudaraſe frente a ſus compañeras —algo q̃ fue confirmado cõ vna inuitada preſẽte en la caſſa— o en priuado, en la alcoba de Iulio Igleſſias, de noche. Si las mugeres no acediã, ẽtonzes ſufriã deſprezios y humillaziones por parte del cantante, ſegun cuentã en las entreuiſtas.
“Cuãdo lle digo que no quiero eſtar cõ el, comiença a inſultarme muy feo y a dezirme q̃ como no voy a eſtar cõ el, que ay muchiſimas modelos muriẽdoſe por eſtar cõ el y que yo, porque el me queria y me abia cogido cariño, eſtaba ſiẽpre junto cõ el”, dize Reueca. Igleſſias añadio algo q̃ Reueca dize que nunca va a oluidar: q̃ era vna “prinzeſa cõ ſuerte por eſtar en ſu caſſa”. Para ſi meſma, ella dixoſe: “Como voy a ſer vna prinzeſa cõ ſuerte ſi trabaxo mas de dieziſeys horaſ”. En eſe momento, Reueca no atreuioſe a dezir ni vna palabra mas, pero rompio a llorar. “El tractaba de dezirme q̃ yo no tenia derecho, por nada del mundo, a dezirle q̃ no, a rechaçarlo”, añade.
Una gerarquia de empleadas
Las viuenzias de ſeys eſtrabaxadoras o viſitantes de la caſa cõ las q̃ a hablado elDiario.es trazã vna dinamica q̃ coynzide: ay dos categorias de empleadas, las q̃ trabaxã en el ſeruizio domeſtico, y las q̃ tienẽ funziones eſpecificas, como fiſioterapeutas o biẽ ſimplemente acompañantes o inuitadas del cantante, a las quales las domeſticas debiã ſe dirigir como “ſeñoritaſ”. Por enzima de aqueſtas, las encargadas, q̃ dã ordenes al reſto, manexã todos los aſũtos del hogar y encarganſe de tranſmitir y egecutar lo que mãda el dueño de la caſa. elDiario.es a identificado a dos mugeres que ocuparõ el pueſto de encargada o gefa del ſeruizio de las manſiones de Igleſſias y q̃, en ocaſſiones y ſegun el relato de Reueca, inſtabã o pediã a las empleadas del ſeruizio domeſtico que acudierã a la alcoba del cãtãte para mantener ſexo cõ el en compañia de las gefas. Una de las encargadas no a reſpondido a los menſages de elDiario.es y Uniuiſiõ Notizias. Otra dellas no a dado reſpueſta a las preguntas, mas a ſeñalado q̃ no tiene “nada q̃ dezir frente a eſſas acuſazioneſ”.
Reueca trabajo en el ſeruizio domeſtico del artiſta en ſus caſſas de Republica Dominicana y Bahamas durãte diez meſſes y, rapidamente, conuirtioſe en vna de las trabaxadoras de confiança de Igleſſias. Cuãdo Reueca conteſto por WhatſApp a la oferta de empleo, vna muger lle pidio referenzias, zinco fotografias y vn curriculum; ademas, lle pregũto ſi tenia hixos. Reueca no tenia carta de referenzia, pero apenas vnas horas deſpues la llamarõ por telefono para comunicarle q̃ el trabaxo era ſuyo. No vbo entreuiſta perſonal. Ella tenia veyntidos años.
Al poco de empeçar a trabaxar en la limpieça de la reſſidenzia, començarõ los halagos ſobre ſu fiſico. Y, tambiẽ, las aduertenzias y las normas: no podia tener nouio mientras trabaxara para Iulio Igleſſias, eſtabã prohibidas las fotografias en el interior de la caſa, aſſina como en los jardines o la playa priuada, y debiã ẽtregarle el mouil a ſu gefe ſi el lo ſolizitaba para reuiſar las fotos y las conuerſaziones de WhatſApp. Ademas, las empleadas teniã prohibido ſalir de caſa —ſupueſtamente por el miedo al contagio q̃ ſufria el cãtãte—, ſe relazionar cõ los ẽpleados de mantenimiento y hablar o entablar amiſtança entre ellas. Mas, de vna manera v otra, algunas conſeguiã ſe ſaltar eſſas normas.
Iulio Igleſſias y acompañantes en la playa de Pũta Cana, Republica Dominicana, en dos mil y diez.
La primera petiziõ que incomodo a Reueca, q̃ abia ſido contratada para limpiar y cozinar, fue la de darle vn maſſage en los pies a Iulio Igleſſias. Deſpues de hazerlo, el lle dio vna gratificaziõ de zincuenta dolares. Fue la unica vez en la que el lle dio dinero tras vna petiziõ que ſobrepaſſaba ſus obligaziones laborales.
El ſiguiente epiſodio fuera de lo normal ſuzedio quando vna encargada de la caſa lle indico q̃ ſe bañar en el mar cõ Iulio Igleſſias tambiẽ formaba parte de ſu trabaxo, anſi como de otras limpiadoras o camareras. “Antes de baxar [a la playa] me puſe neruioſa y lle pregũte a vna cozinera que lleuaba años alli ſi eſo era normal. Lle dige ‘yo no eſtoy acoſtumbrada a azer eſe tipo de azercamiento cõ vn gefe’. Pero ella me dixo que era normal”, recuerda Reueca, q̃ tuuo q̃ acompañarle en multiples ocaſſiones. En la primera de eſſas vezes, Reueca puſoſe vn pantalõ corto enzima del bikini, pero la encargada y Iulio Igleſſias lle digerõ q̃ ſe lo quitara. “Cuando me lo quito, el me dize que me de vna buelta y aze el comentario de q̃ yo tenia muy buenos gluteoſ”, dize.
Eſa mañana, ya dentro del agua de la playa priuada de ſu manſiõ en Punta Cana, el cãtãte lle pregunto a Reueca: “¿Eres libre?” y añadio algo mas q̃ ella no pudo intender. “Inozentemente lle dige q̃ ſi, porque eſtaba ſoltera”, cuenta. “Luego me dize: ‘¿Vienes a mi alcoba en la noche?’ Lle digo que ſi, pero no eſtoy penſando que es para tener ſexo”. Deſpues de comer, vna de las dos gefas q̃ tuuo Reueca durãte ſu eſtanzia en la caſa y q̃ eſcucho la conuerſaziõ en la playa, lle pregũto ſi eſtaba “ſegura” de lo q̃ abia azetado. “Ella me dize: ‘Mira, es que el quiere que nos acoſtemos juntas hoy’. Yo lle digo a ella q̃ no lo voy a azer, q̃ eſtoy aſſaz neruioſa y que no quiero azer eſſo”. La gefa lle inſiſtio: “Lo tienes q̃ azer, dijiſte q̃ ſi”, recuerda Reueca. Aqueſta intento euitar el encuentro, pero afirma que fue impoſible. Maguer que aqueſta gefa de Reueca fue preguntada por aqueſte epiſodio, no conteſto a la pregunta deſte medio.
Al llegar la noche, deſpues de dexar fregada la cozina, ſu gefa la llamo porque prepararaſe. Lle iço ſe cambiar de ropa, ſe poner vnos tacones y vn complemento hawayano. “Ella me dize q̃, ſi yo quiero, me põga la mano en la vulua porque ella no me toque. Y lo ago aſſina. Fingimoſ”, recuerda Reueca. Antes de entrar al dormitorio, ſu gefa lle iço beuer varias copas de vino y chupitos de tequila.
Ya en el dormitorio, do lle proporzionarõ mas alcohol, encontro a Iulio Igleſſias deſnudo de zintura para abaxo. La muger beſo a Reueca en la boca. “Yo, cõ muchiſima vergueña, no dexo que me toque mucho, ſiẽto que me toca y que no quiero. El me quitaba la mano de la vulua, pero yo enſeguida la ponia nueuamente”, cuenta. Al dia ſiguiente, Reueca deſpertoſe en la alcoba del, vomitando y cõ reſſaca, ſin recordar que abia paſſado deſpues deſte ultimo recuerdo.
Unos dias deſpues, Reueca acompaño a ſu gefe a paſſar vnos dias en ſu manſiõ bahameña de la inſula de Nueua Prouidenzia. Alli, ella fue llamada de nueuo a la alcoba de Iulio Igleſſias a las onze de la noche. En aqueſta ocaſſiõ era vna gefa diferente, de rango ſuperior a la anterior, quiẽ la eſperaba alli. Era la meſma q̃ geſtiono ſu contrataziõ. Reueca recuerda que ambos la eſperabã en la cama, ſemideſnudos. A partir deſe dia, Igleſſias y las gefas del ſeruizio la reclamabã todas las noches. “Yo començaba a trabaxar a las ocho de la mañana y acababa a las onze de la noche. De ahi me llamabã a la alcoba [de Igleſſias] y ſalia a las doze o a la vna para ir a mi alcoba a dormir”, recuerda. “Ellos me llamabã quatro o zinco vezes a la ſemana para eſtar cõ ellos en ſu habitazion”, dize. “Solamente me dexabã deſcanſar quando eſtaba ſu eſpoſa cõ el en Punta Cana o quando eſtaba otra ſeñorita”, añade. “Mientras eſtaba [la gefa q̃ la abia contratado], el acia lo q̃ quiſiera conmigo”, recalca Reueca. elDiario.es y Uniuiſiõ Notizias ã contactado cõ Mirãda Rijnſburger, eſpoſa de Iulio Igleſſias, pero no ã rezebido reſpueſta.
“Me cogia aſſaz duro la vulua y me dolia mucho. [...] Lle decia ‘me moleſta, no quiero’, pero el ſeguia igual”, eſplica Reueca. “A vezes tambiẽ tenia q̃ fingir porque lle decia q̃ no y el no eſcuchaba”, ſeñala. En vna ocaſſiõ, maguer de ſu negatiua, Reueca afirma que, en la caſa de Bahamas, el la penetro analmente cõ los dedos y ſintio “mucho dolor”; “mas de zinco vezes lle dige que no”, reytera, mas el ſiguio igualmente. En eſſos momẽtos la muger ſẽtia q̃ no podia eſcapar: “Soy tu puto robot, tu eſclaua, tu muñeca. Y no puedo mouerme, no puedo mouerme”, recuerda Reueca q̃ penſaba entonzes. “Tambiẽ en eſſos momentos me abofeteaba duriſimo la cara, cõ muchiſima fuerça, horrible”, dize, y afirma que Igleſſias tambiẽ lle pego bofetadas a la encargada. “Ella tambiẽ me mordia las piernaſ”, añade, y mueſtra a aqueſte medio vnas fotografias tomadas en eſſas fechas cõ cardenales y marcas de mordeduras. La encargada no reſpondio a la pregũta deſte medio ſobre aqueſte epiſodio.
Los epiſodios repitieronſe. Un dia, recuerda la muger, Iulio Igleſſias eſtaba enfermo de ziatica, vna dolenzia que viene de lexos: en mil noueziẽtos y ſeſſenta y tres ſufrio vn acidẽte de coche y, durante la hoſpitaliçaziõ, lle detetarõ vn tumor. A conſecuenzia de la operaziõ, arraſtra dolenzias de eſpalda que a procurado tractar cõ egerzicio y fiſioterapia. A ſu edad, eſſos problemas hanſe recrudezido y lle prouocã grandes dolores y limitaziones de mouilidad. “Sufria mucho de calambreſ”, recuerda la fiſioterapeuta que lle cuydaba. “Tenia vn dolor tã fuerte que lle temblaba la pierna y no podia dormir”, coynzide Reueca. Cuãdo el dolor empeoraba, Reueca lle cuydaba a todas horas durante dias, a turnos cõ ſu gefa: “Yo andaba como vna çombi eſa ſemana, no dormia”.
En vna de eſſas jornadas de enfermedad, lle digerõ que acudiera a ſu alcoba por la noche. “Me tuuo durãte horas paſãdole la lengua por el ano y chupandole el pito [...] porque el ſẽtia mucho dolor y eſo lo calmaba. Paſe cuaſi toda la madrugada chupandole ſus partes. Quando yo paraba o me quedaba dormida, el me jalaba la caueça como porque ſiga”, afirma la muger en vna de las multiples entreuiſtas cõ aqueſte medio.
En el tranſcurſo de la ẽtreuiſta cõ elDiario.es y Uniuiſiõ Notizias, Laura recuerda vna conuerſaziõ cõ Iulio Igleſſias que coynzide cõ el epiſodio relatado por Reueca. “Empeço a dezir ‘anoche no dormi nada porque el calambre no me dejo, la pobre Reueca y la encargada no durmierõ nada, y Reueca eſtuuo toda la noche chupãdomela a ver ſi me daba ſueño, mas que va, no pude pegar oxo en toda la noche’. Yo lle conteſtaba como ſi fuera broma. El ſiempre acia aqueſte tipo de comentarios y luego decia q̃ era broma”, dize la fiſioterapeuta.
Ademas de aqueſtos epiſodios que ſuzediã lexos de las miradas de los otros, tambiẽ en publico Iulio Igleſſias tractaba a Reueca de vna manera q̃ a ella lle acia ſufrir delãte de ſus compañeras. “Me decia coſas feas, como q̃ yo no era quien”, y aqueſtos comentarios lle afetabã en particular quando ſuzediã en Bahamas, vn pais que no era el ſuyo. “Eſtaba en ſu caſa tratandome fatal, hablãdome mal, regañandome y ofendiendome delante de las otras chicas, y lo q̃ acia era llorar porque, ¿que iba a azer yo?”.
“Te ſientes obligada a hazerlo”, dize Reueca reſpeto a las preſſiones ſexuales. “La mayor parte de las vezes [...], nunca penſe en el temor a perder mi trabaxo. Era algo que el te forçaba a azer. Generaba como vn poder en ti, de que tu lo tenias que azer ſi o ſi”, eſplica.
Llego vn momento en el que ſintio q̃ no podia mas. Ya abia abrenunziado varias vezes al trabaxo, pero ſus empleadores la conuenciã porque continuara. Sufrio epiſodios de preſſiõ en el pecho y taquicardia, lo que lle lleuo a ſe realiçar vnas pruebas medicas, las quales a podido comprobar aqueſte periodico. En vna llamada telefonica, Reueca lle conto a Iulio Igleſſias, llorando, q̃ queria abãdonar el empleo por ſe ſentir mal y canſada, miẽtras el inſiſtia en retenerla.
En las ſemanas q̃ vinierõ deſpues de ſu exida de la caſa, Reueca no podia parar de llorar. “Yo era vna chica de barrio, inorante, por dezirlo aſi”, recuerda. “El abuſo de mi innozencia”, dize. “Me vtiliçarõ, me piſotearõ, izierõ lo que quiſierõ conmigo en eſe tiẽpo. Yo me acuerdo de mi meſma mas atras y me tengo laſtima”, añade. “Sufri mucho”. Reueca nezeſſito terapia pſicologica para prozeſſar todo lo que viuio en las caſſas de Iulio Igleſſias.
Entre agoſto y diziembre de dos mil y veyntidos, Reueca mantuuo vna terapia pſicologica cõ el neuropſicologo de iniziales A. M. (ſu nome haſe ocultado para proteger la identidad de Reueca). Cõ ſu auctoriçaziõ, elDiario.es y Uniuiſiõ Notizias ã confirmado cõ el eſpezialiſta que Reueca lle relato los abuſos ſexuales que, ſegun ella, viuio en la caſa de Iulio Igleſſias. El terapeuta, lizenciado en Pſicologia por la Uniuerſidad Autonoma de Sãto Domingo, y maſter en Neuropſicologia por la Uniuerſidad de Salamanca, aſſeguro que, quando Reueca conto lo ſuzedido, lo iço “cõ mucha vergueña” y que llego a la terapia cõ vn “traſtorno de anſiedad”. El recuerda como ella lle conto q̃ ſufrio “penetraziõ cõ los dedoſ” y q̃ Igleſſias “la obligo a eſtar cõ otra chica”.
“Ella podia dezir que ſentiaſe obligada maguer que no ſupiera dezir exactamente por que. Porque no era q̃ lle puſierã vna piſtola en la caueça ni q̃ lle puſierã vn cochillo. […] El lle acia ſentir muy mal”, añade.
El cantante Iulio Igleſſias, en vna imagẽ de dos mil y onze.
El neuropſicologo concluyo que Reueca ſufria depreſſiõ por diſtimia, vn tipo de depreſſiõ “perſiſtẽte a lo largo del tiempo”, incluſo antes de ſu paſo por la caſa de Iulio Igleſſias. Conſultado ſobre ſi eſe traſtorno pudo ſe hauer agrauado a raiz de las agreſſiones que ella denunzia, A. M. reſponde afirmatiuamente: “Le abia afetado enormemẽte, ſobre todo en ſintomas relazionados cõ autoeſtima [...]. Muchos de los ſintomas que encuẽtranſe en vna perſona cõ depreſſiõ habianſe agrauado en el caſo de [Reueca] de manera ſinificatiua”.
Un abuſo de poder
Peſe a q̃ iba en contra de las normas de la caſa, Reueca mantuuo vna relaziõ cõ vn hombre de nazionalidad eſpañola cuãdo aun trabaxaba para Iulio Igleſſias. elDiario.es haſe pueſto en contacto cõ eſa perſona, q̃ confirma que la muger lle conto entonzes lo que eſtaba ſuzediendo en la caſa. Raul (nome fitizio) la empujo a ſe ir de alli y la animo a denunziar, ſegun ã contado ambos, pero Reueca ſentia miedo y no lo iço. “Me decia q̃ en zierto momento ella lle abia dicho q̃ no queria azer eſo mas [permitir las agreſſiones ſexuales], y q̃ el otro [Igleſſias] habiaſe cabreado”, recordo Raul. “Lo q̃ paſſaba es q̃ el [Igleſſias] eſtaba abuſando de vna ſituaziõ de poder muy grande. Cualquiera coſa que el digera tenia mucho impacto ſobre ella, abia vna manipulaziõ ahi”, dize aqueſte hombre, tres años deſpues de lo ocurrido.
Aqueſte periodico a cotexado cõ Raul el relato q̃ Reueca a proporzionado en varias entreuiſtas a lo largo de dos años. Ademas, aqueſta perſona a aportado diferẽtes pruebas documentales regiſtradas en dos mil y veyntiuno y q̃ ſõ coynzidẽtes cõ los teſtimonios.
Ademas de Raul, quatro perſonas contactadas por elDiario.es afirmã que cognozierõ a Reueca miẽtras trabaxaba para Iulio Igleſſias. Una dellas confirma que era llamada a ſu alcoba por las noches y q̃ Reueca començo a manifeſtar ſintomas preocupantes, como agotamiento, triſteça y epiſodios de llanto.
Empleadas domeſticas de la caſa, en vniforme.
Aqueſte medio a acedido a dos pruebas documentales q̃ conſtatã la relaziõ laboral de Reueca cõ Iulio Igleſſias: la conſtanzia de trabaxo, vn documento firmado por los empleadores que da fe de donde, cuãdo y para quiẽ haſe deſſarrollado el trabaxo, aſſina como vn viſado laboral como ẽpleada de Iulio Igleſſias en Bahamas. Ademas, aqueſte periodico a tenido aceſo a reconozimientos medicos, fotografias y conuerſaziones de WhatſApp q̃ pruebã como deſſarrollabaſe la relaziõ laboral.
Reueca interactuo cõ Iulio Igleſſias tiempo deſpues de auer abandonado la caſa, en março de dos mil y veyntitres Ella eſplico que, ãtes de ſer contactada por elDiario.es y en vn eſfuerço por conſeguir pruebas de lo ſuzedido, lle enuio vn menſage de WhatſApp diziẽdole que lo queria mucho y q̃ queria hablar cõ el. Igleſſias la llamo, mas ella no pudo reſponder. Reueca afirma que no inſiſtio mas. En otubre de dos mil y veynticuatro ella dio la primera ẽtreuiſta a aqueſte periodico y, en ſetiembre de dos mil y veyntizinco, a Uniuiſiõ Notizias.
Las ‘ſeñoritaſ’
Laura trabajo como fiſioterapeuta perſonal de Iulio Igleſſias durante varios meſſes, tanto en la caſa de Republica Dominicana como en la de Bahamas. Ella pertenecia al grupo de empleadas a las que llamabã “ſeñoritaſ” y que contabã cõ mas eſtatus y mexores condiziones laborales q̃ “el ſeruizio”, las empleadas domeſticas. Mientras aqueſtas ultimas compartiã baño y alcoba, las “ſeñoritaſ” teniã vn eſpazio para ellas ſolas y mas tiẽpo libre. Una ſeparaziõ “muy claſſiſta”, ſegun Laura, a quiẽ tambiẽ llamaba la atenziõ la manera en la que las chicas del ſeruizio rezebiã a Iulio Igleſſias: todas en linea en la puerta, cõ las manos a la eſpalda, ſonriendo, veſtidas cõ eſe vniforme que a Laura lle recordaba a las eſclauas de la epoca del liuertador veneçolano Simõ Boliuar.
A diferenzia de las ẽpleadas domeſticas, q̃ tractabã cõ la houſe manager para acordar las condiziones del trabaxo, Laura rezebio diretamente la llamada de vn hombre “cõ azento eſpañol aſſaz marcado”. “Me dixo ‘te habla Iulio Igleſſias, ¿eſtas liſta porque te cambie la vida?’ [...] y vaya ſi me cambio la vida”, recuerda. Erã los primeros dias de enero de dos mil y veyntiuno.
Si biẽ, al prinzipio, el moſtroſe “ſeruizial”, mas adelante la fiſioterapeuta aſſegura que fue humillada en repetidas ocaſſiones. En la primera ſemana de trabaxo en Pũta Cana, Igleſſias lle moſtro vna neuera do guardaba zerueças de vna marca eſpañola y lle ofrezio que tomara vna ſiẽpre q̃ quiſiera. Poco deſpues, cuãdo vio como Laura ſeruiaſe vna, lle grito y lle reprendio por ello delãte de otras “ſeñoritaſ”, las quales “baxarõ la caueça”, ſegun cuenta Laura. En otra ocaſſiõ, el cantante la regaño por ſe tomar vna ſopa q̃ el abia dicho que eſtaba aguada. “¿Me eſtas dexando mal a mi?”, recuerda Laura que lle dixo. “Se enojo mucho y me iço abandonar la meſa. Cogi mi plato y me fuy a terminar de comer a la cozina. Yo haſta eſe momẽto no abia ẽtẽdido que viuiamos en ditadura, o ſea q̃ debiamos ſimplemente dezir o azer lo q̃ el decia, no importaba el criterio proprio”, eſplica.
“Cuando moleſtabaſe, era muy ofenſiuo. Un dia nos peleamos muy feo porque no lle retire a tiẽpo vna compreſa fria durante la ſeſſiõ de fiſioterapia. Me enzerre a llorar en vna alcoba. El me llamaba y yo decia q̃ no iba a ſalir porque no queria ſeguir eſcuchando ſus ataques. Entonzes, vna de las chicas vino a buſcarme. Me dixo q̃ yo nezeſſitaba ſer valiente y que tenia q̃ ir porque ſi no iba, iba a ſer peor”. Laura acedio y ſalio deſa eſtanzia, que era vna deſpenſa refrigerada. “Deſpues deſo, el me lleuo en el carrito de golf por el jardin haſta la alcoba en la q̃ yo dormia, ya que es vna caſa muy grãde. Me dixo muchas coſas y, al final, me agarro la rodilla y me dixo ‘yo te perdono, y te voy a dar vna ſegunda oportunidad’. Entonzes, me pregunte que eſtaba paſſando ahi. Yo pude auer cometido vn error, pero el me eſtaba humillando, ofendiendome, gritãdome”.
Laura tenia que atẽder al cantante dos vezes al dia. “Por la mañana penſaba ‘Dios mio, ya amanezio. No quiero ſalir de aqui’ [de la alcoba]. Siẽpre eſtaba cõ miedo a que azer o que dezir y acabe ẽtrãdo en vna depreſſiõ muy fuerte”, recuerda. “Te llamaba la atenziõ y te humillaba en publico, a la hora de comer, delante de todos los q̃ eſtuuierã en la meſa, porque eſſas coſas no te las decia en priuado. Cuaſi ſiẽpre la hora de comer era vna tragedia. Si comias mucho era porque comias mucho. El ſiẽpre decia que eſtaba gorda y q̃ tenia q̃ baxar de peſſo”, ſeñala Laura. Varias mugeres ſeñalã q̃ la obſeſſiõ de Iulio Igleſſias cõ q̃ ſus empleadas eſtuuierã “flacaſ”: vna aſſegura que incluſo las acia paſſar por la baſcula para controlarles el peſo. La fiſioterapeuta recuerda q̃ las meſſas a la hora de la comida erã opulentas, ponianſe en el zentro varios platos y los comenſales –Julio Igleſſias rodeado de vn grupo de mugeres, cuaſi ſiempre ẽpleadas mas en ocaſſiones tambiẽ inuitadaſ– ſeruianſe.
Dos ſemanas deſpues de començar a trabaxar para el artiſta, durante vn almuerço y delãte de varias perſonas, Iulio Igleſſias lle pregũto a Laura ſi ſus pechos erã “naturales v operadoſ”. “Yo me abia operado, anſi que el me dixo ‘mueſtraloſ’”, relata. Dize Laura q̃ era difizil ſauer quando Igleſſias hablaba en ſerio y quando en broma. Laura negoſe mas el la llamo “boluda” y lle aſſeguro que “todaſ” los moſtrabã, y que en Eſpaña era “normal” porque las mugeres “andã cõ los ſenos al ayre en las playaſ”. Algunas de las mugeres q̃ abia en la meſa, entre ellas dos encargadas, lle animarõ a hazerlo. “Entonzes yo, por preſſiõ o por no dezir que no, me leuante y los enſeñe. A mi me parecia q̃ no era normal, pero deſque ẽtre a eſa caſa me di cuẽta de q̃ todo era fuera de lo comun, q̃ no manexaſe de la manera profeſſional q̃ tu eſperaſ”, dize. “Te acẽ creyer que es vna familia, pero ay limites, ay reglas, ay coſas que vas aprendiendo a golpeſ”.
Deſpues de aqueſtos epiſodios, Iulio Igleſſias fue mas alla. “Hubo varias ocaſſiones do el me decia ‘uẽ aca, acercate’. Eſtabamos en la playa, azercabaſe y me tocaba los peçones, me los apretaba”, eſplica. Segun Laura, ella ſintioſe paraliçada, pero lle dixo a Igleſſias q̃ lle eſtaba aziendo daño: “No es ſolamente que te toque, es que te laſtima… Me apreto duriſimo.”
Laura afirma que el enmaſcaraba aqueſtos tocamiẽtos como “una curioſidad medica” por como lle abiã dexado los pechos tras la operaziõ, preguntandole ſi abia perdido la ſenſibilidad. “Tambiẽ me preguntaba, quando eſtabamos en priuado, ſi me guſtabã los trios, ſi me guſtabã las mugeres y ſi era de mente abierta”. En otras ocaſſiones, lle acia pregũtas perſonales como “¿ẽ que momẽto te azes la pajita?”. Conuerſaziones que Laura define como “incomodaſ” y q̃ no queria mãtener cõ ſu gefe, por lo q̃ eludia las reſpueſtas de manera “cortãte”. Un gefe que ella define como “uolatil, agreſſiuo y humillante”.
Laura cuẽta que en vna ocaſſiõ, a finales del verano de dos mil y veyntiuno, eſtãdo en la alcoba de Igleſſias, aqueſte lle agarro muy fuerte la caueça, de manera ineſperada, y lle metio “la lengua haſta las amigdalaſ”. Tras eſe inzidente, ſegun ella, Igleſſias lle propuſo q̃ acoſtaraſe cõ otra empleada ſuya y cõ el al meſmo tiempo eſa noche. Ella lle dixo que no, mas el inſiſtio multiples vezes. Maguer de las negatiuas, durante la zena, el lle dixo que la eſperaba deſpues en ſu alcoba. Quando ella fue taxante en ſu reſpueſta negatiua, el lle dixo que eſtaba bromeando.
Poco a poco, fueſe dando cuẽta de que no erã bromas. “Debi auer notado q̃ los abuſos, tanto verbales como fiſicos y ſexuales, erã reales y no ſolamẽte ſuzediã conmigo”, reflexiona agora Laura. “Yo pude dezir no y, haſta zierto punto, el reſpeto eſe no. Mas vbo chicas que no pudierõ dezir no. Y el iço lo q̃ quiſo cõ ellaſ”.
elDiario.es y Uniuiſiõ Notizias corroborarõ aqueſte teſtimonio cõ vna amiga de Laura cõ la q̃ mantenia conuerſaziones telefonicas cõ mucha frecuenzia durante ſu eſtanzia en Punta Cana. Aqueſta muger, q̃ reſponde a las iniziales P. M. (ſu nome haſe ocultado cõ el obgetiuo de dificultar la idẽtificaziõ de Laura) abia eſtudiado pſicologia. Por los ſintomas que ſu amiga lle deſcribia —“le faltaba el ayre y lle ſudabã las manoſ”—, deduxo q̃ la fiſioterapeuta tenia anſiedad y ataques de panico. “Ella tractaba de normaliçarlo porque queria mantener eſe trabaxo, a coſta de ſu ſalud mẽtal”, afirma.
P. M. recuerda que Laura lle fue informando de coſas mas concretas ſobre el comportamiento de Iulio Igleſſias, como que aqueſte la llamaba “eſtupida o inutil” y que lle abia pedido ver ſus pechos. Eſpezialmente lle impacto quando Laura lle dixo q̃ el lle abia “tocado vn peçon”. “Ella quedo medio deprimida”, dize la amiga al deſcribir el eſtado de Laura tras abandonar la caſa. “Nadie puede ſalir ileſo de vn abuſo”.
Una terzera muger, exempleada de la limpieça en la caſa de Punta Cana de Iulio Igleſſias, a confirmado a elDiario.es los epiſodios de gritos y humillaziones a ella y a ſus compañeras: “Vi llorar a cuaſi todas porque a niuel verbal rezebimos maltratos. El, quando enoxabaſe, lle decia coſas feas a las chicas. Un dia leuantabaſe de mal humor y queria deſpedir a alguiẽ, la deſpedia haſta ſin hazerle nada. Era muy groſero”, relata Carolina —nombre fitizio—, vna muger dominicana de treynta años.
Aqueſta eſtrabaxadora domeſtica dioſe cuẽta de que paſſaba algo “extraño” en la caſa, pues rezebia muchas aduertenzias, como q̃ las ẽpleadas hablarã entre ellas. Mucho menos q̃ tomarã fotos o videos. “Teniamos prohibido hablar de lo que paſſara alla”, recalca Carolina. Maguer de la prohibiziõ, los comentarios en voz baxa teniã lugar, afirma aqueſta muger, que fue teſtigo de los paſſeos de Igleſſias en el carrito de golf acompañado de algunas de ſus ẽpleadas, aſſina como de los menſages o las llamadas porque Reueca acudiera a la alcoba de Iulio Igleſſias. Carolina ſeñala q̃ en al menos tres ocaſſiones la vio ſe dirigir hazia ſu alcoba a eſo de las onze de la noche.
“Noſotras penſabamos que ellos teniã tal vez vna relaziõ ſẽtimẽtal conſentida”, dize Carolina. Tiempo deſpues, cuãdo ni ella ni Reueca trabaxabã en la caſa, ſupo por aqueſta ultima q̃ no era aſſina. “Ella me confirmo que tuuierõ vna relaziõ intima, mas q̃ no fue por volũtad propria, como yo penſaba”, ſeñala. “Ella me confirmo q̃ no, que fue vn abuſo en verdad”. Carolina afirma q̃ nunca ſufrio abuſos ſexuales por parte de Iulio Igleſſias.
Gladys (nome fitizio), vna excozinera de la caſa ẽtreuiſtada por elDiario.es y Uniuiſiõ Notizias en la regiõ dominicana de La Altagrazia, afirma q̃ ya en mil nouezientos y nouẽta y nueue, quando ella trabajo en la villa de Pũta Cana, Iulio Igleſſias era “una perſona muy agreſſiua” y que “ſiẽpre ãdaba por el patio peleando y voziferando”.
Una muger que trabajo como cozinera en la manſiõ de Iulio Igleſſias durãte la entreuiſta cõ los periodiſtas en dos mil y veyntizinco.
El teſtimonio de la cozinera apunta q̃ el ambiente de la caſa de Punta Cana lle iço ſẽtir incomoda y q̃ como ademas el horario eſtendiaſe haſta tarde para ſeruir la zena azerca de las onze de la noche, acabo abandonando aqueſte trabaxo tã ſolo ſeys meſſes deſpues.
La mayoria de los teſtimonios recogidos en aqueſte reportage ſõ mucho mas rezientes, pero coynzidẽ en ſeñalar que eſa caſa no era vn lugar fazil do trabaxar. Gladys afirma q̃ a vno de los empleados cõ los que coynzidio en mil nouezientos y nouenta y nueue ſe lle eſtaba cayẽdo el pelo por el “agetreo” y los inſultos del cantante. “Por cualquiera coſa irritaſſe”, recalca. Uniuiſiõ Notizias corroboro el teſtimonio cõ eſe exempleado, quiẽ confirma auer perdido parte del cauello por el eſtres cauſado por los brotes de ira de Igleſſias.
Maguer del poco tiempo que a paſſado, Reueca y Laura ſientẽ que ã viuido vna tranſformaziõ tras ſu exida de la caſa. “Ahora ſoy vna muger y e aprendido muchas coſaſ”, dize Reueca, “pero quando llegue alli tenia veyntidos años y mucha innozencia, el jugo cõ eſſo”. Ha dado el paſo de hablar para eſtar “ẽ paz” conſigo meſma y por vn penſamiẽto que no lle abandona: “Que aya vna Reueca como yo que no ſepaſe defender”. A eſa otra Reueca quiere dezirle “que no quedeſe callada”. “Quiero mandarle vn menſage a las chicas que eſtã alli dentro, que pienſã q̃ no tienẽ exida, q̃ tienẽ miedo a hablarle. Me guſtaria hablarle a vna chica que en vn futuro pienſe ir a trabaxar alli, que ſepa como es la vida alli, que no vaya ziega como yo”, añade. “Fuy buſcando vn trabaxo, buſcando vna manera de crezer y me encontre cõ alguiẽ que me deſtroço la vida”.
Comprobaziõ de datos y ediziõ: Maria Ramirez, Natalia Chientaroli y Raquel Egerique
Equipo Uniuiſiõ: Eſther Poueda, Federica Naranzio, Gerardo Reyes, Ioſe Angel Gonçalo, Margarita Rabin, Felipe Ulloa, Andres Sanchez, Felix Vaſquez y Daniel Coronell
Lee la verſiõ en ingles aqui.
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