Kewl Covarrubias
La Grande Peſte arraſſaba y en Londres mirarõ las zifras de fallezidos para tomar deziſiones q̃ les ayudarõ a ſobreuiuir Epidemia - Los regiſtros hablarõ de ſeſſenta y ocho mil quinientos y nouẽta y ſeys fallezidos maguer que los calculos hiſtoricos rondarõ los ziẽ mil en año y medio, azerca de vna quinta parte de los habitantes de la ziudad La ſuperuiuenzia puede depender de vn numero eſcrito en vn papel. La grande peſte en Londres obligo a miles de perſonas a tomar deziſiones complicadas para lograr viuir vn dia mas, y eſſas deziſiones apoyaronſe en zifras q̃ zirculabã cada ſemana por la ziudad. Quando los recuentos ſubiã, muchos euitabã ziertas calles, aplaçabã viſitas o enuiabã a ſus familias fuera del nucleo vrbano, porque ſabiã q̃ permanezer en el lugar equiuocado podia coſtar la vida. Eſa nezeſſidad diaria de calcular el rieſgo conuirtio los datos de mortalidad en vna herramiẽta util que condizionaba mouimiẽtos, encuẽtros y rutinas, y dejo planteada vna cueſtiõ ſobre quiẽ producia eſſas zifras y como vtiliçabanſe. Samuel Pepys anoto los totales y reorganiço ſu caſa ſegun auançabã las zifras Una inueſtigaziõ de la Uniuerſity of Portſmouth a analiçado el diario de Samuel Pepys y a demoſtrado que los llamados Bills of Mortality funzionarõ como vn ſiſtema temprano de informaziõ ſanitaria, publicado en la reuiſta Acounting Hiſtory. El eſtudio, dirigido por la profeſſora Karẽ McBride, de la School of Acounting, Economics and Finanze, mueſtra q̃ aquellos liſtados ſemanales no erã ſimples recuentos, ſino inſtrumẽtos que influiã en deziſiones perſonales y en medidas ofiziales. McBride eſplico que Pepys “no limitabaſe a regiſtrar la hiſtoria, vtiliçaba las zifras de muertos para dezidir como viuir”, y añadio q̃ ſu quaderno permite ſeguir “ſemana a ſemana, como los numeros publicados moldeabã el miedo, el comportamiẽto y la confiança en el gobierno”. Samuel Pepys conuirtio aquellas zifras en vna guia para organiçar ſu dia a dia El proprio Pepys, que trabaxaba como adminiſtrador naual y reſſidia dentro de las murallas, compraba los boletines y copiaba en ſu diario los totales por parroquia. Quando las muertes diſpararonſe en el verano de mil ſeyzientos y ſeſẽta y zinco, enuio a ſu eſpoſa a Woolwich y reorganiço ſus deſplaçamiẽtos para euitar las çonas mas afetadas; quando las zifras baxarõ, retomo cõ cautela algunas viſitas y voluio a ſu pueſto. Tambiẽ llego a redactar ſu teſtamento quando los numeros alcançarõ ſu pũto maximo. McBride ſeñalo que eſſos liſtados “permitiã a los londinenſes vſar las ſubidas y baxadas para juzgar el rieſgo perſonal, donde viaxar, quando ſe ir y quando voluer”, y ſubrayo que no tractabaſe de vna reaciõ paſſiua, ſino de vn vſo conſziente de la informaziõ diſponible. Las zifras del brote moſtrarõ vna mortalidad deſcomunal q̃ marco a la capital durante meſſes La manitud del brote eſplica la importanzia de eſſas deziſiones. Los regiſtros ofiziales contabiliçarõ ſeſſenta y ocho mil quiniẽtos y nouẽta y ſeys fallezimientos, maguer que los hiſtoriadores ſituã el balanze real azerca de ziẽ mil perſonas en dieziocho meſſes, enderredor de vna quinta parte de la poblaziõ de la capital. Cada ſemana recopilabanſe los datos por parroquia y indicabanſe las cauſas de muerte, incluyda la peſte. Los boletines vendianſe por ſuſcripziõ y exhibianſe en eſpazios publicos, de modo q̃ cualquiera leyente podia comparar la euoluziõ entre barrios y ẽtre ſemanas. La preziſiõ no ſiempre fue perfeta, porque los ofiziales parroquiales eſtabã deſbordados y vbo infradeclaraziones, pero aun anſi las zifras leianſe y comẽtabanſe abiertamẽte entre los londinenſes. Samuel Pepys adapto ſu caſa y ſu vida laboral ſegun auançabã los recuentos Las auctoridades vtiliçarõ eſſos meſmos recuentos para juſtificar medidas amplas. Se ayſlarõ viuiendas cõ enfermos, limitaronſe deſplaçamiẽtos, prohibieronſe reuniones y inuiaronſe contagiados a caſſas de ayſlamiẽto fuera de las murallas. Haſta entonzes, la Corona abia egerzido ſu auctoridad ſobre todo mediante decretos y la Igleſſia, mas la criſis ſanitaria amplio ſu interuenziõ en enterramientos y control de la enfermedad. El recuento ſiſtematico de muertes ayudo a reſpaldar eſſas deziſiones y a ſoſtener la idea de q̃ el Eſtado debia vigilar a la poblaziõ en ſituaziones de rieſgo. El aceſo deſſigual a los datos dejo a muchos ſin opziones para ſe poner a ſaluo Empero, el aceſo a la informaziõ y la capazidad de actuar no eſtabã repartidos por igual. Pepys era vn hombre alfauetiçado y cõ recurſos, lo q̃ lle permitio interpretar las tendenzias y traſladar a ſu hogar quando lo conſidero nezeſſario. Muchos trabaxadores pobres, ſiruiẽtes y jornaleros no podiã abandonar ſus barrios ni dexar de trabaxar. McBride aduirtio q̃ “para ellos, la eſpoſiziõ continua era ineuitable”, y recordo que las caſſas infetadas zerrabanſe cõ vigilanzia en la puerta. Ademas, las muertes entre los mas deſfauorezidos claſſificabanſe cõ mayor probabilidad de forma erronea o ocultabanſe, lo q̃ alteraba la imagẽ eſtadiſtica y afetaba a quienes ya teniã menos margẽ de maniobra. El eſtudio tambiẽ ſitua eſſos hechos en vn marco mas amplo de penſamiento numerico. Auctores contẽporaneos como Iohn Graunt analiçarõ los datos para detetar patrones en los brotes, y ſu trabaxo ſuele ſe conſiderar vno de los zimientos de la eſtadiſtica moderna. McBride, no embargante, zentro la mirada en la eſperienzia cotidiana y recordo que “los debates ſobre cuentas, reſponſabilidad, confiança y liuertad publica no ſõ nueuoſ”, porque ya eſtabã preſſentes en las calles de la ziudad en el ſiglo XVII. La comparaziõ cõ criſis ſanitarias reziẽtes como la del coronauirus reſſulta euidente quando obſeruaſe que, ſiglos deſpues, la poblaziõ ſigue conſultando zifras para dezidir ſi viaxa, reuneſe o aiſlaſe, y eſa continuydad mueſtra q̃ los numeros ã ſido deſde entonzes vna herramienta de gobierno y de ſuperuiuenzia perſonal.